viernes, 22 de mayo de 2009

Luchi Luis

Mi país

Tus confundidos andares
en cuerdas de guitarras,
suenan bajo, suenan alto.
Todo mi país se parece a una guitarra;
madera y tendones,
golpe y nota,
voz y uña.
La luna y el sol,
la noche y el día,
tomados de la mano
y siempre separados por largos amaneceres,
por largos crepúsculos.
El aire y el agua
el viento y la nube,
hermanados en la hoja,
deslizados en un contorno de color,
se parecen a una guitarra.
¿Y el trino agudo de pájaros en la selva?
¿Y el trote desatado de lluvia escudriñada?

Parte una voz que sube el limo
más debajo de las cuerdas vocales,
que arranca de espesas sementeras
el ansia de vivir;
que emiten notas, que componen escalas,
que se posan en los tendones
como abeja en la flor.
¿Por qué tendrá un sonido la forma de un dolor?
¿Por qué tendrá un dolor la voz de una guitarra?
La voz juega un momento
y sube, sube;
envoltura de melancolía que vuela
no teniendo horizonte para comparar
mirando arriba.
Las alturas de las estrellas también son medida.
Los cálidos alientos precursaron los gemidos,
el peligro del hermano pulió el grito.
¿Y la carne herida por el fuego que protege?
Los truenos enseñaron a las piedras
a caer en las llanuras.
El aire tenía espacios gigantescos
para hacer arpegios con sus iras.
¿Y las olas navegantes con sus proas afiladas?
¿Y la viva zoología del gruñido?
Así fue el tendón, el músculo

Vinieron por orígenes distintos,
juntos tomaron cuerpo de guitarra
y cubrieron la geografía,
y hubo violencias y vigilias
y a veces alegrías.

Y así es mi país,
se parece a una guitarra
en un fondo de conciertos de guitarra.

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