martes, 7 de julio de 2009

Nasrudin

La Sopa de Pato

Cierto día, un campesino fue a visitar a Nasrudin, atraído por su gran fama y deseoso de ver de cerca a la persona más ilustre del país. Le llevó como regalo un magnífico pato.
El Mullah, invitó al hombre a cenar y pernoctar en su casa. Comieron una exquisita sopa preparada con el pato. A la mañana siguiente, el campesino regresó a su campiña, feliz de haber pasado algunas horas con un personaje tan importante.
Algunos días más tarde, los hijos del campesino fueron a la ciudad y en su regreso pasaron por la casa de Nasrudin.
—Somos los hijos del hombre que le regaló un pato, se presentaron. Fueron recibidos y agasajados con sopa de pato.
Una semana después, dos jóvenes llamaron a la puerta del Mullah.
—¿Quiénes son ustedes?
—Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato.
Nasrudin empezó a lamentar haber aceptado aquel pato. Pesaroso,
le puso al mal tiempo buena cara e invitó a sus huéspedes a comer.
A los ocho días, una familia completa pidió hospitalidad al Mullah.
—Y ustedes ¿quiénes son?
—Somos los vecinos de los vecinos del hombre que le regaló un pato, contestaron.
Gentil, Nasrudin hizo como si se alegrara y los invito al comedor.
Al cabo de un rato, apareció con una enorme sopera repleta de agua caliente y llenó cuidadosamente los tazones de sus invitados.
Luego de probar el líquido, uno de ellos exclamó:
—Pero, ¿qué es esto, noble señor? ¡Oh, mi Dios, nunca he tomado una sopa tan desabrida!
El Mullah Nasrudin se limito a responder:
—Esta es la sopa de la sopa de la sopa de pato que con gusto les doy a ustedes, los vecinos de los vecinos de los vecinos del hombre que me regaló el pato.

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