sábado, 18 de julio de 2009

La apuesta

Nasrudin apostó que podía pasar una noche en una montaña cercana y sobrevivir, a pesar del hielo y la nieve.
Varios bromistas que se hallaban en la casa de té aceptaron juzgar los resultados.
El Mullah agarró un libro y una vela y se paso sentado en la montaña la noche más fría de su vida. A la mañana siguiente, casi medio muerto, reclamó su dinero.
—¿No tenías nada para mantener el calor?, ¿Ni una vela siquiera?, le preguntaron los aldeanos.
—Si, tenía una vela.
—Entonces la apuesta queda anulada.
Nasrudin no discutió.
Algunos meses más tarde, invitó a aquellas personas a un banquete a su casa. Se sentaron en la sala de recepción, esperando la comida.
Pasaron las horas. Comenzaron a inquietarse por la comida.
—Vayamos a ver como anda, dijo Nasrudin.
Todos se dirigieron a la cocina. Allí encontraron una olla enorme, llena de agua, bajo la cual ardía una vela. El agua ni siquiera estaba tibia.
—No esta lista aún, dijo el Mullah. No sé por qué: ha estado ahí desde ayer.

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