domingo, 19 de julio de 2009

Dios castigará a los tártaros

El Mullah Nasrudín predicaba en una mezquita en la época en que Asia Occidental soportaba el dominio de los tártaros.
El Mullah no apoyaba a Tamerlán.
Tamerlán había oído que Nasrudín estaba en su contra y penetró un día en la mezquita vestido a la usanza derviche.
—Dios castigará a los tártaros, dijo Nasrudín al final de su sermón.
—Dios no oirá tu plegaria, dijo el derviche, adelantándose.
—Y por qué no?, preguntó Nasrudín.
—Porque ustedes están siendo castigados por lo que han hecho y por lo que no han hecho. Existe algo que se llama causa y efecto. ¿Cómo puede alguien ser castigado por hacer algo que es en sí mismo un castigo?
Nasrudín empezó a sentirse incómodo, pues con los derviches no se puede jugar.
—¿Quién es usted y cuál es su nombre?, preguntó, demostrando una entereza que ya no tenía.
—Soy un derviche y mi nombre es Timur.
Varios de los asistentes se levantaron en ese momento, portando en sus manos arcos y flechas. Eran miembros disfrazados de la horda tártara.
Nasrudín abarcó todo con una mirada.
—¿Por casualidad, su nombre termina en 'Lisiado'?
—Así es, dijo el derviche.
El Mullah se volvió hacia los fieles, que estaban petrificados por el miedo:
—Hermanos, hemos efectuado una oración en congregación. Ahora empezaremos el servicio funerario en congregación.
Esto le hizo tanta gracia a Timur el Lisiado que despidió a las tropas
y pidió a Nasrudín que se uniera a su Corte.

(Tamerlán (Tamerlane, en inglés) deriva de Timur Lenk, es decir, Timur el Lisiado.)

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