domingo, 19 de julio de 2009

Me salvé por casualidad

Viendo algo que se movía en la penumbra del jardín, Nasrudín pidió a su mujer que le alcanzara el arco y las flechas.
Disparó al objeto, salió para ver de qué se trataba y volvió a punto de desmayarse.
—Me salvé por casualidad. Imagínate. Si hubiera estado dentro de mi camisa, que está colgando allí para secarse, habría muerto. La flecha me atravesaba el corazón.

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