domingo, 19 de julio de 2009

Los cuadrúpedos

Haga que se provea de sustento a los cuadrúpedos y condúzcame a las recámaras inductoras de tranquilidad, donde puedan agasajarme con nutrimento apropiado. Ordenaba un tan afectado e imperioso noble, desmontando en el patio de la casa del Mullah.
Como era difícil negar algo a tales miembros de la Corte del Sultán, Nasrudín corrió a satisfacer su pedido.
Cuando el intruso estuvo acomodado en el mejor canapé, y sorbiendo el café, llevó al Kazi (Magistrado) para presentárselo.
—¡Oh, gran noble!, ¿tiene usted tierras?, pregunto luego el Mullah.
—Un millón de jaribs.
—¿Y usa cuadrúpedos para ararlas?
—Sí, por supuesto.
—¿Me compraría usted dos docenas de cuadrúpedos al precio de cinco piezas de plata cada uno?
El valor de los animales para arar era de cien piezas de plata. Aceptó de inmediato.
Nasrudín salió y compró veinticuatro conejos a razón de una pieza de plata cada uno. Le presentó estos cuadrúpedos al noble. Este apeló al Kazi.
—Debemos atenernos a la letra de la ley, contestó el Magistrado y yo apoyo la aseveración de que los conejos son cuadrúpedos.

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