domingo, 19 de julio de 2009

Nasrudin

Pan y sudarios

—Soy muy pobre, Mullah. El sobrevivir es imposible ahora ¿debería de suicidarme? Tengo seis niños y una esposa, una hermana viuda y unos padres ancianos. Y esto se está volviendo más y más difícil. ¿Puedes sugerir algo?
—Puedes hacer dos cosas y las dos te serán de ayuda. Una, empieza
a fabricar pan, porque la gente ha de vivir y tienen que comer, y así siempre tendrás una entrada de dinero, dijo Nasrudín.
—¿Y la otra?, preguntó el hombre.
—Empieza a hacer sudarios para los difuntos, porque cuando la gente está viva, se muere. Será también un buen negocio. Ambos negocios son buenos, pan y sudarios para los difuntos. Le aseveró Nasrudín.
Después de un mes el hombre regresó. Parecía aún más desesperado, muy triste dijo:
—Parece que nada funciona. He invertido todo lo que me quedaba en
el negocio, como sugeriste, pero todo parece estar en mi contra.
—¿Qué puede haber pasado? La gente tiene que comer pan mientras están vivos, y cuando mueren su familia ha de comprar sudarios, le dijo Nasrudín.
—No lo comprendes. En este pueblo nadie está vivo ni nadie muere nunca. Simplemente vegeta. Precisó el hombre.

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