domingo, 19 de julio de 2009

El último día

El cordero cebado de Nasrudín era apetecido por todos los vecinos, los cuales en varias ocasiones lo persuadieron a que lo matara e hiciera un festín: Todas las tentativas fallaron, hasta que un día le indujeron que dentro de las 24 horas llegaría el fin del mundo.
—En ese caso, convino el Mullah, bien podríamos comerlo.
Así fue como tuvieron un banquete. Cuando terminaron de comer, se sacaron las chaquetas y se acostaron a dormitar. Después de varias horas, los invitados despertaron y se encontraron con que Nasrudín había apilado todas esas prendas sobre el fuego y las había quemado.
Rugieron de furia, pero Nasrudín se mostró impertérrito:
—Hermanos, mañana es el fin del mundo, ¿recuerdan? Qué necesidad van a tener entonces de sus chaquetas?

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