domingo, 19 de julio de 2009

El camino real

Un día, Nasrudín recordó que una nueva y maravillosa carretera, un Shah-Rah, o "Camino Real" había sido construído a cierta distancia de su casa.
"Esto es algo que debo comprobar, pensó".
Caminó por la carretera, largo tiempo, hasta que fue vencido por el sueño. Al despertar, observó que su turbante había desaparecido. Alguien se lo había robado.
Al día siguiente prosiguió su viaje por la carretera, con la esperanza de encontrar algún rastro del ladrón. Recorrió varios kilómetros bajo el calor del verano, hasta que nuevamente se acomodó para dormir un rato.
Lo despertó un ruido de cascos y el tintinear de los arneses. Veía un pelotón que se acercaba: soldados de apariencia feroz de la Guardia Real escoltando a un prisionero. Movido por la curiosidad, los detuvo y les preguntó qué sucedía.
—Llevamos a este hombre a ser decapitado, respondió el Jefe de la Guardia; es un guardia puesto en la carretera a quien encontramos dormido.
—Esto, es ya, más que suficiente para mí, musitó Nasrudín. Pueden quedarse con su carretera. Quien en ella se queda dormido, pierde su sombrero o su cabeza. ¡Quién sabe cuál podría ser la tercera pérdida!
Este fue el origen del proverbio persa que persiste: "Quien se queda dormido en la carretera pierde su sombrero o su cabeza".
Al rato, la mujer de Nasrudín comenzó a sacudirlo en tanto le decía:
—Despierta.
—Esto desbarata todo. Lo que tú llamas "despierto" yo lo denomino "dormido". Protestó el Mullah.

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