domingo, 19 de julio de 2009

Cambiemos de tema

En una tarde de mucho calor, sofocante, Nasrudín vio a un hombre que caminaba hacia él, por el polvoriento camino, llevando un gran racimo de apetitosas uvas.
"Un poco de adulación bien podría valer una uva", supuso y dijo.
—Oh! gran Jeque, dadme unas uvas.
—No soy un jeque, respondió el derviche, era uno de esos viajeros contemplativos que rehuyen cualquier forma extrema de lenguaje.
"Es un hombre de aún mayor importancia y yo lo he menospreciado", pensó el Mullah. Y en voz alta dijo:
—¡Alteza¡ dadme sólo una uva!
—¡Yo no soy alteza!, gruñó el derviche.
—¡Bueno, olvídese, entonces no me diga qué es, o probablemente encontraremos que esas tampoco son uvas! Cambiemos de tema.

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