lunes, 3 de agosto de 2009

Nasrudin

La mente avara se mantiene hasta el final

Nasrudin estaba pescando en el embarcadero. Perdió el equilibrio y se cayó al agua.
—¡Socorro! ¡Socorro! Mi esposo se está ahogando. ¡Socorro! ¡Socorro! Gritaba la esposa del Mullah.
Por fortuna sus gritos fueron escuchados por dos jóvenes fornidos del vecindario que se echaron al agua y sacaron al pobre Nasrudin.
Mientras yacía en el muelle secándose, la señora del Mullah se inclinó sobre él y le susurró:
—Te salvaron de ahogarte, esposo. ¿No deberíamos darle una rupia?
—Yo sólo estaba medio ahogado. Basta con media rupia, le contestó Nasrudin abriendo un ojo.

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