lunes, 10 de agosto de 2009

No quiero que me presten su martillo

Un día Nasrudin quería quebrar unas piedras y no tenia un martillo lo suficientemente grande, entonces pensó: "Iré calle abajo a ver a uno de mis vecinos, y le pediré un martillo prestado". Mientras se dirigía hacia allá, pensó: "¡Ufa! Hace un largo tiempo que no los veo, quizá vayan a pensar que sólo los visito cuando necesito algo; son un poco nerviosos y tal vez si les golpeo la puerta y les pido algo se enojarán mucho, insultarán y puede que hubieran más personas del pueblo. Si hicieran eso realmente seria una cosa muy desagradable de su parte,
y, ¡yo pienso que verdaderamente son personas muy desagradables!" Así fue que golpeó con firmeza la puerta, muy molesto. Los vecinos sólo tardaron breves segundos para abrir y sonrientes, le saludaron:
—Hola Nasrudin.
—No, no me digan hola, ustedes son gente terrible, no quiero que me presten su martillo, contestó.

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