viernes, 28 de agosto de 2009

La chilaba

La mujer de Nasrudin le pidió a su marido que fuera a compararle una docena de alfileres.
El Mullah llevó a su asno. Compró doce alfileres y los clavó en la silla.
Al verle venir, su mujer, atónita, le dijo:
—¿Por qué has llevado el asno para traer doce alfileres? ¡Es inaudito!
¿Para qué tienes tu chilaba? ¡Habrías podido prenderlos en ella!
Al día siguiente, ella le pidió:
—¡Vé a comprar un poco de leña para hacer fuego!
El Mullah salió prontamente a buscarla. Al cabo de un rato regresó con los trozos de leña cosidos en su chilaba, hecha unos andrajos.
—Pero ¿Qué te ha dado? ¡Mira en qué estado están tus ropas! ¿Por qué has hecho una cosa así?, exclamó furiosa su mujer.
—¿Y no me dijiste que tu chilaba servía para llevar la compra?, pues he seguido tu consejo.

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