lunes, 3 de agosto de 2009

Nasrudin

Simplemente un cobarde

Nasrudin, agotado de desventuras, abandonó a su mujer y escapó.
Le atraparon y le llevaron ante el juez.
—Nasrudin, has abandonado a tu esposa, eso no está bien, eres un desertor y mereces un castigo por ello, dijo el juez.
—¡Espere! Antes de tomar una decision, tiene que ver a mi esposa. Cuando la haya visto no se le ocurrirá decir que soy un desertor. En todo caso dirá: ¡Nasrudin, eres un cobarde! Y eso sí lo acepto. Yo, Señor, no soy ningún desertor. Soy simplemente un cobarde. Pero antes tiene usted que conocer a mi mujer.

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