martes, 30 de marzo de 2010

Nasrudin

El cortejo

Nasrudin iba en el cortejo de un hombre rico que acababa de morir.
Casi toda la ciudad estaba allí. Nasrudin estaba llorando y sollozando.
—¿Qué ocurre Mullah? ¿Tenías alguna relación con el difunto?
—No, ninguna.
—Y entonces, ¿por qué estás llorando?
—Porque no tenía ninguna relación con él. ¡Por eso lloro!


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