jueves, 10 de junio de 2010

Nasrudin


El carro de heno

El carro de heno había volcado en el camino. A su joven conductor, Nasrudin, se le veía arrodillado sobre el camino intentando mover todo lo que le rodeaba entre balbuceos ininteligibles y llantos. Había que sacarlo de ese estupor. Al menos así lo interpretó un agricultor, de buen corazón, que viendo lo sucedido y el estado de aflicción del pobre muchacho, se le aproxima y le pide que se tranquilizara, que olvidara por el momento el accidente y le invita a su humilde casa a
acicalarse y a cenar, junto a su numerosa familia.
—Entonces, luego, vamos a enderezar el carro, agrega el granjero.
—Creo que a mi padre no le gustará, dice Nasrudin.
—No te preocupes por eso, todo estará bien, insiste el granjero.
Nasrudin se quedó a cenar y luego de la cena confiesa sentirse mucho
mejor y agradece a los agricultores las atenciones recibidas.
—Pero, dijo, todavía no creo que a mi padre le vaya a gustar.
—Olvídalo, dijo el granjero. Por cierto, añadió, ¿dónde está tu padre?
—Está bajo el heno, dijo Nasrudin.

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