lunes, 19 de julio de 2010

Nasrudin


Noche solapada

Cierta noche, el Mullah Nasrudin y sus amigos, el imán y el sacerdote, tomaban unas copas mientras se jugaba al poker.
De pronto, el jefe de la policía local, irrumpió en la casa con un par de sus policías y vociferó:
—¡Nasrudin, te he dicho una y otra vez que no iba a tolerar el juego en mi ciudad!
El Mullah permaneció en silencio. El jefe de policía advirtió que dos de los invitados eran personalidades conocidas e importantes en la ciudad.
—Imán, dijo, estoy sorprendido de verte, dime, ¿estás jugando?
—No, no lo estoy, respondió el Imán, murmurando algo entre dientes.
—¡Oh, Padre, tú también acá!, ¿estás jugando?, inquirió el policía, volviéndose hacia el sacerdote.
—No, no lo estoy, respondió el sacerdote, también murmurando algo entre dientes.
—En cuanto a ti Nasrudin, estabas en el juego, ¿verdad?
—¿Con quién?, dijo el Mullah encogiéndose de hombros.

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