La pluma
El emperador de Persia iba de camino al templo principal. Para secar el sudor de su frente, sacó un pañuelo delicadamente bordado y, al hacerlo, dejó caer su pluma de oro, que rodó hasta llegar a los pies de Nasrudín.
-¡No te quedes ahí, hombre!. Recógela y devuélvemela, le reprocha al Mullah.
-Oh Majestad, ¿Por qué llevas esta arma contigo?, subrayó quejoso Nasrudin, mientras le devolvía la pluma.
-Debes de ser aún más imbécil de lo que pareces a primera vista, dijo el soberano, para confundir una pluma con un arma.
-Con tu firma, puedes destruir pueblos enteros, dijo el Mullah. Entonces, ¿qué podría ser tu pluma sino un arma?, y la más poderosa.
miércoles 23 de noviembre de 2011
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De ahí que es cierto el proverbio que dice que la sabiduría del necesitado es despreciada pero cuán cierta es... amigo si deseas enlazarme hazlo con mi blog principal. http://serolfisis.blogspot.com/ Gracias por visitarme también...
ResponderSuprimirPalabras que encierran una gran verdad.
ResponderSuprimirUn saludo,
Si que era inteligente Nasrudín, más que el propio emperador. Saludos.
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