viernes, 27 de enero de 2012

Nasrudin

Señores o esclavos

El sultán iba cabalgando por la animadas calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Los habitantes de la ciudad salían de sus casas para verle pasar y le reverenciaban.
Todos, menos Nasrudin.
El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al Mullah ante él.
—Exijo saber por qué no te inclinastes como los demás.
Nasrudin contestó:
—Toda esa gente se inclina ante ti porque todos ellos anhelan lo que tienes: dinero, posición social, poder. Esas cosas que no significan nada para mí. Por qué inclinarme, si tengo dos esclavos que son tus señores.
La muchedumbre contuvo la respiración.
—¿Qué quieres decir? gritó el sultán, montado en cólera.
—Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia, dijo el Mullah.
Lo escuchado era tan evidente que el sultán se inclinó ante él.

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