domingo, 4 de marzo de 2012

El Zen



El pasado tiene una duración, y también el futuro. ¿Pero cuánto dura el presente. ¿Cuánto dura?. ¿Se puede medir el presente entre el pasado y el futuro?. Es inconmensurable; casi no es. No es tiempo, para nada: es la infiltración de la eternidad en el tiempo.
El zen vive en el presente. Toda su enseñanza trata de cómo estar en el presente, de cómo salir del pasado, que ya no es, y de cómo no implicarse en el futuro, que todavía no es, estando enraizado, centrado, en lo que es.

Este momento lo es todo. En este momento converge toda la existencia, todo está disponible. Si no puedes verlo, eso no significa que no sea así, simplemente quiere decir que careces de la visión para verlo. A Dios no hay que buscarlo, sólo tienes que abrir los ojos. Dios ya es.

La oración es irrelevante en el zen. ¿A quién rezar? No hay ningún Dios sentado en algún sitio en los cielos y controlando la vida y la existencia. La vida se mueve en una armonía, por sí misma.

Uno puede ser religioso sin un Dios. De hecho, ¿cómo se puede ser religioso con un Dios? Esa es la pregunta que hace el zen, una pregunta muy inquietante. ¿Cómo puede un ser humano ser religioso teniendo un Dios? Porque Dios destruirá tu libertad, te dominará. Puedes buscar en el Antiguo Testamento. Ahí Dios dice: "Soy un dios muy celoso, y no puedo tolerar ningún otro dios. Quienes no estén conmigo están contra mí. Y soy un dios muy violento y cruel, y os castigaré, y seréis arrojados a las llamas eternas del infierno". ¿Cómo puede nadie ser religioso con un dios así?. ¿Cómo puedes llegar a ser libre y a florecer?. Sin libertad no hay florecimiento que valga. ¿Cómo puedes alcanzar tu manifestación óptima cuando hay un dios que te confina, condena, forzándote a hacer las cosas de esta o aquella manera, manipulándote?

El ser humano es responsable de sí mismo y del mundo en el que vive. Si existe sufrimiento, entonces eres responsable; no hay nadie más a quien acudir. No puedes sacudirte tu responsabilidad. Si el mundo es horrible y existe el dolor, entonces nosotros somos los responsables, nadie más. Eso da mucha responsabilidad. Uno empieza a estar más alerta, más atento. Uno empieza a vivir de una manera totalmente distinta. Uno se torna más observador. Uno se convierte en testigo.

El zen dice que todo es divino. Todo es especial. Nada es no especial, y por eso nada puede ser especial. Cada hoja de cada árbol y cada canto rodado de cada orilla es especial, único, santo.

El zen manifiesta la santidad de la vida ordinaria.

El zen significa madurez. Desecha todos los deseos y ve cuál es la situación. No interpongas tus sueños frente a la realidad. Límpiate los ojos de sueños, para así poder ver la situación. Las ideologías son vendas que te obstruyen la vista. Un cristiano no puede ver; tampoco puede un hinduista, ni un musulmán. Porque estáis tan llenos de ideas que sólo veis lo que queréis ver, no hacéis más que ver lo que no está presente, proyectáis, interpretáis, creáis una realidad propia y particular, que no está ahí. Eso crea una especie de delirio.

El zen proporciona cordura al mundo. Desecha todas las ideologías. Dice: "Se vacío. Mira sin ninguna idea. Mira en la naturaleza de las cosas pero sin ninguna idea, prejuicio ni presunción".

¿Ves cuál es la cuestión? Si tienes una idea, existe la posibilidad de que la encuentres en la realidad, porque la mente es muy creativa. Y claro está, esa creación sólo será una imaginación. Si estás buscando a Cristo empezarás a tener visiones de Cristo, y todas ellas serán imaginarias. Si buscas a Krishna empezarás a ver a Krishna, y todas esas visiones serán imaginarias. El zen es muy realista. Dice que hay que abandonar la imaginación. La imaginación proviene del pasado.

Desde la infancia te han llevado a la iglesia, al templo, a la mezquita; te han llevado al erudito, al pundit, al sacerdote.

Han medito en tu mente todo tipo de cosas. No te aproximes a la realidad con toda esa carga; si no, no acabarás de saber lo que es.
Descargar, aligerar. Ese aligerar es zen.

El zen no es filosofía, sino poesía. La filosofía está orientada hacia la cabeza; la poesía es más total. Fluye más. La poesía se ocupa más de la belleza. Y la belleza es no violencia, amor y compasión.

Cuando buscas la verdad eres más masculino; cuando buscas belleza eres más femenino. Cuando buscas la verdad estás más preocupado por la razón; cuando buscas la belleza estás cada vez más interesado por la intuición. El zen es femenino, la poesía es femenina.

El zen es pasivo. Por eso, en el zen sentarse se convierte en una de las meditaciones más importantes. La gente zen dice que si sólo te sientas, sin hacer nada, empiezan a suceder cosas.

Cuando el zen dice "solo sentarse", quiere decir sólo sentarse, nada más, ni siquiera un mantra. Si repites un mantra entonces no estás sólo sentado, estás otra vez implicado en tonterías, dándole vueltas
a algo mental.

Permanece natural. Ni siquiera observes. No hagas esfuerzo alguno, de ningún tipo. Eso quieren decir cuando dicen "sólo sentarse".

El zen es el enfoque femenino, y la religión es básicamente femenina.

El pasado ha estado dominado por lo masculino. El futuro va a ser más femenino, más suave, más pasivo, más relajado, más estético, más poético. Y en esa atmósfera poética el zen se convertirá en la cosa más significativa del mundo.

El mundo es uno. Es una unidad. Nada está separado. Todo palpita a la vez. Estamos unidos a otros, interconectados. La vida entera es una red. Incluso la hojita más diminuta de uno de los árboles que rodea este auditorio está conectada con la más lejana de las estrellas. Si algo le sucede a esta hoja, entonces algo le acabará pasando a esa estrella distante.

El misterio de la vida no debe resolverse porque no puede ser resuelto. Debe ser vivido. Uno debe subirse a él, amarlo. Que la vida sea un misterio es una gran alegría. Y algo que debe celebrarse. El zen es magia. Te da la llave para abrir lo milagroso. Y lo milagroso está en ti, y la llave también está en ti.
Cuando vas a ver a un maestro zen, él solamente te ayuda a estar silencioso, de manera que puedes hallar tu propia llave, que llevas encima desde hace mucho tiempo. Y así hallarás tu puerta, que está ahí, y podrás penetrar en tu santuario más íntimo.
Y el último punto fundamental acerca del zen: el zen no es moralidad, sino estética. Simplemente te hace más sensible a la belleza, y esa sensibilidad se convierte en tu moral. Pero a continuación se alza más allá de ti, fuera de tu conciencia. El zen no te proporciona ninguna conciencia, ni está contra ninguna; simplemente te proporciona "más conciencia" se torna tu conciencia. Viene de tu centro más íntimo.
Y cuando proviene de ahí, no es esclavitud, sino libertad. cuando proviene de ahí, no es algo que haya que cumplir como un deber, de mala gana. Disfrutas haciéndolo. Se convierte en tu amor.

Si quieres poseer a Dios, te será imposible. A Dios no se le puede poseer. Todo lo verdaderamente grande no puede ser poseído, y eso precisamente es una de las tonterías más grandes que sigue haciendo el ser humano. Queremos poseer. Te enamoras y entonces quieres poseer, y al hacerlo destruyes el amor. El amor es la cualidad de Dios.
Jesús lo dijo de manera muy exacta: "Dios es amor". Si realmente quieres estar enamorado de Dios, no intentes poseerlo. Al poseerlo lo matas, lo envenenas.

Sí, no puedes poseerlo, pero tampoco hay manera de que lo pierdas. Está ahí. Siempre está ahí.

En el momento en que comprendas que el amor no puede poseerse, surgirá en ti una gran comprensión y lo tendrás, y será para siempre. No podrás agotarlo.

La existencia es una celebración continua, excepto para el ser humano. La existencia es un carnaval, una orgía de alegría, excepto para el ser humano. El ser humano se ha salido de esta tremenda celebración sin fin. El ser humano ha dejado de formar parte de ella, y permanece solo, alineado. Es como si el ser humano hubiera perdido las raíces que debería tener en la existencia. El ser humano es un árbol que está muriéndose, secándose, que ha dejado de estar vivo. Los pájaros ya no vienen a posarse en sus ramas, las nubes no le cantan, los vientos no danzan a su alrededor.
¿Qué le ha sucedido al ser humano? ¿Y cómo? ¿Por qué se halla en un infierno así? ¿Por qué está el ser humano metido en tal situación? Debe haber algo fundamental que no funciona.
El análisis zen, el diagnóstico zen, se debe a que el ser humano piensa que es. Los árboles no piensan, carecen de yo. Las piedras no piensan, carecen de un yo. El cielo carece de un yo, la tierra carece de un yo. Sin un yo no hay posibilidad de caer en la miseria. El yo es la puerta que da a la miseria. El Buda lo llamó atta, el ego, el yo.
Somos desgraciados porque estamos demasiado en el yo. ¿Qué quiere decir que estamos demasiado en el yo? ¿Y qué sucede exactamente cuando estamos demasiado en el yo? O bien se está en la existencia o en el yo, pero ambas cosas no son posibles. Estar en el yo significa estar aparte, ser separado. Estar en el yo significa convertirse en una isla. Estar en el yo significa trazar una línea de separación a tu alrededor. Estar en el yo significa realizar una distinción entre "esto soy yo" y "esto no soy yo". La definición, la separación entre "yo" y "no yo", es lo que es el yo; el yo aísla.
Y te congela, dejas de fluir. Si fluyes, el yo no puede existir; por eso la gente parece cubitos de hielo. Si carecen de toda calidez no pueden albergar nada de amor. El amor es calidez, y ellos tienen miedo del amor. Cuando les llega algo de calidez, empiezan a deshacerse y desaparecen las fronteras. En el amor desaparecen las fronteras; en la alegría también desaparecen, porque la alegría no es fría. Nada es frío, excepto la muerte. El yo es muy frío. El yo es la muerte. Quienes viven en el yo están ya muertos, o tal vez ni siquiera llegaron a nacer. Se perdieron su nacimiento. Nacer, vivir, significa fluir, ser cálido, deshacerse, disolverse, no saber dónde se acaba y dónde comienza la existencia, desconocer los límites, permanecer en esa consciencia difusa. Eres consciente, desde luego, pero no hay consciencia de la propia identidad. La consciencia en sí misma es inconsciente de la propia identidad.

El enfoque zen trata de cómo volver a convertirte en un no-yo. De cómo volver a disolver las demarcaciones, cómo no aferrarse a estas demarcaciones. Cómo volver a abrirse. Cómo ser vulnerable, cómo estar disponible para la existencia, de manera que pueda penetrarte hasta la médula.
Dice Lao-Tse: "Todo el mundo parece tan seguro de sí mismo, menos yo. Todo el mundo parece tan bien definido, menos yo.
Yo permanezco muy indefinido, ambiguo. Exactamente no sé donde estoy o qué soy o qué no soy. No sé cómo definir el yo y el otro.
No sé dónde se separan "yo" y "tú".

Esencialmente, no están separados. "Yo" es la polaridad de "tú"; son vibraciones de la misma energía. Esa energía que habla en mí está escuchando en ti; no está separada, no puede estarlo. Es un único espectro, sólo una longitud de onda. La misma onda que habla en mí está escuchando en ti. La misma energía es hombre en ti y mujer en otra persona. La misma energía es ser humano en ti y vegetal en los árboles. La existencia está hecha de la misma energía. Es un único material, tanto en las piedras como en las estrellas; en el hombre y en la mujer. Es un todo.

El zen es un tipo de religión totalmente distinto. Insufla humanidad a la religión. No le interesa nada sobrehumano. Todo su interés radica en cómo convertir la vida cotidiana en una bendición.

En realidad no hay un yo, en realidad no puede haberlo, porque no estamos separados de la existencia, sino unidos y juntos en un universo. Ese es el significado de la palabra "universo": es uno. No es un multiverso, sino un universo. Todo es uno; al morir, al vivir, al nacer, al amar, al odiar, todos somos uno. Palpitamos juntos.
El hálito que tomo me viene de ti. Hace un instante era tu hálito, y ahora es el mío. Y en un instante dejará de ser mío, para pasar a ser de otro. No puedes reclamar ni siquiera tu respiración. Se mueve. Vivimos en un mar de vida; vivimos dentro de todos.

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