sábado, 20 de abril de 2013

Nasrudin

El Contrato

Eran las nueve de la mañana, y el Mullah continuaba completamente dormido. El sol estaba en lo alto, los pájaros gorjeaban en las ramas,
y el desayuno de Nasrudín se estaba enfriando. De manera que su mujer lo despertó.
El Mullah se espabiló furioso:
—¿Por qué me despiertas precisamente ahora?, protestó. ¿No podías haber aguardado un poco más?
—El sol está en lo alto, replicó su mujer, los pájaros gorjean en las ramas y tu desayuno se está enfriando.
—¡Qué mujer más estúpida!, musitó Nasrudín. ¡El desayuno es una bagatela, comparado con el contrato por valor de cien mil piezas de oro que estaba a punto de firmar!
De manera que se dio vuelta y se arrebujó entre las sábanas durante un largo rato, intentando infructuosamente de recobrar el sueño y el contrato que su mujer había hecho trizas.

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