sábado, 6 de julio de 2013

Nasrudin

Aspirante a discípulo

Un aspirante a discípulo va en busca de Nasrudin. El hombre, luego de muchas vicisitudes, llega a la ladera de la montaña donde encuentra al Mullah sentado frente a su morada. Sabiendo que cada una de las acciones del iluminado sufi es significativa, el recién llegado pregunta a Nasrudin por qué se sopla las manos.
—Para calentármelas, por supuesto.
Poco después, Nasrudin sirve dos tazas de sopa, y sopla en la suya.
—¿Por qué estás haciendo eso, Mullah?, pregunta el discípulo.
—Para enfriarla, por supuesto, dice Nasrudin.
El discípulo huye, incapaz de seguir confiado en un hombre que usa el mismo procedimiento para llegar a resultados diferentes: calor y frío.

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