miércoles, 16 de julio de 2014

Nasrudin

Todo a nombre de mi esposa

Un día Nasrudín estaba comiendo un gran pollo asado. Asomándose por la ventana un hombre pobre le suplicó:
—Por favor, deme un trozo de esa ave; estoy muerto de hambre.
—En lo que a mi respecta, respondió el Mullah, de buena gana se lo daría todo; pero, desafortunadamente, le pertenece a mi esposa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada