lunes, 17 de noviembre de 2014

Nasrudin

La manta de la naturaleza

Un día y otro, Nasrudín se mantenía despierto por las lamentaciones de su mujer sobre su pereza.
—Oh, qué holgazán tengo por marido, lloriqueaba una noche. Desde que nos casamos he sido pobre, y gracias a ti moriré también pobre. Mi Dios, ni siquiera nos podemos permitir una manta decente con tus miserables ingresos.
El Mullah Nasrudín se levantó de un salto y salió corriendo al jardín. Dos minutos después, volvió con una manta llena de tierra.
—¿Se puede saber qué estás haciendo, metiendo barro en la casa en mitad de la noche?, dijo a gritos su esposa.
—La tierra, que es suficientemente virtuosa para cubrir a nuestros antepasados, es buena también para cubrirte a ti, replicó Nasrudín. No les he oído quejarse del frío desde que se echaron debajo de ella.

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