jueves, 15 de enero de 2015

Nasrudin

Vida de ermitaño

Cuando Nasrudín estuvo en el exilio, vivió durante un tiempo como ermitaño. Un día Tamerlán, que se había separado de su partida de caza, descubrió la cabaña desvencijada del Mullah. Inmediatamente Nasrudín le ofreció al gobernante su cena, que consistía en culebra asada y agua sucia. Tamerlán, tan hambriento, aceptó la comida con gratitud. Cuando hubo comido hasta hartarse, se limpió la barba y se dirigió a su anfitrión.
—¿Mullah, cómo puedes justificarte haber caído tan bajo para tener que reemplazar las ricas ropas de cortesano por harapos como éstos, y espléndidos banquetes por culebra y un agua que apenas se puede beber?
—Es simple, contestó Nasrudin, aquí todo lo que miro es mío. No hay opresores como tú y no veo a ninguno de tus servidores, tales como
el verdugo, el torturador y el recaudador de impuestos.

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