martes, 6 de enero de 2015

Nasrudin

El estafador

Un pundonoroso comerciante de la ciudad de Nasrudín se preparaba a marcharse para un largo viaje. Preocupado que los ladrones pudieran violentar la casa en su ausencia, llevó sus ahorros al prestamista y le pidió que los guardara en su caja fuerte.
Muchos meses después, el comerciante regresó de su viaje y fue a recuperar su dinero.
—Estás confundido, dijo el hombre, no me dejaste nada.
El comerciante discutió durante largo rato, pero el estafador se negó a devolverle sus ahorros.
Desesperado, el hombre fue presuroso a la casa de Nasrudín a pedirle ayuda. Cuando le hubo explicado la situación, el Mullah dijo:
—Sí, puedo ayudarte, pero tienes que hacer exactamente lo que digo. Mañana pasaré por delante de ti en la plaza de la ciudad. Cuando me veas, no digas nada, déjame hacer.
El comerciante estaba desconcertado, pero convino en cumplimentar exactamente lo que Nasrudín le pedía.
Al día siguiente, el hombre estaba sentado en el centro de la ciudad, cuando Nasrudín, vestido con un deslumbrante uniforme, con varios cuchillos y dagas colgando del cinturón y un rifle a la espalda, cabalgó delante de él sobre un corcel magnífico. Cuando se hubo reunido una muchedumbre a su alrededor, saludó al comerciante.
—Qué alegría volver a verte, hermano. Espero que tus viajes hayan tenido tanto éxito como mis propias expediciones. Debes venir a ver el botín que he arrancado a mis enemigos derrotados.
Recordando sus órdenes, el comerciante se inclinó, pero no dijo nada. No pasó mucho tiempo antes de que el prestamista llegara corriendo.
—¡Tu hermano debe ser el guerrero más fuerte del país! Por favor, hazme el honor de venir a cenar esta noche. He estado pensando en devolverte tus ahorros. Sabes, los guardo en mi caja fuerte y ahora me gustaría devolvértelos con intereses.

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