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martes, 14 de enero de 2014

Jiddu Krishnamurti

Liberarse del miedo

Viendo el mundo como es ahora, con toda la desdicha, conflicto, la crueldad destructiva, la agresividad, el tremendo avance tecnológico, etc, creo, que si bien el hombre ha cultivado el mundo externo, y más o menos lo domina, internamente sigue siendo lo que era, con una gran parte animal, sigue siendo cruel, violento, agresivo, adquisitivo, competitivo, y ha establecido la sociedad sobre estas bases.
Cuanto más observamos, casi todos lo hacemos a menos que seamos del todo ciegos, sordos y mudos, somos conscientes de las enormes contradicciones de los seres humanos, entonces, para comprender este inmenso y complejo problema de la existencia, uno debe tener tremenda pasión, cosa que no puede aportar el intelecto, tampoco el ocasional sentimentalismo y emocionalismo, ni esa pasión que surge al comprometerse con una actividad particular o al pertenecer a un grupo político o religioso. Eso aporta cierta cualidad de intensidad, cierta euforia, cierto estímulo, pero a través de todo ello se busca gratificación y placer. Toda la estructura de la sociedad, con su moralidad, sus dioses, su cultura, sus entretenimientos, se basa en
el placer.

Todos nuestros conceptos, acciones y exigencias se basan en el placer, y mientras uno no comprenda la naturaleza y la estructura del placer, siempre existirá el miedo. No solamente el miedo en nuestra relación de unos con otros, sino el miedo a la vida, o a la totalidad de la existencia.
Sin comprender el placer no es posible eliminar el miedo. No estamos negando el placer, no estamos recomendando vivir una vida puritana, ni reprimir el placer, ni sustituírlo o negar eso que llamamos enorme satisfacción, sólo lo estamos examinando. Al examinarlo debemos estar libres de opiniones, sino no podemos examinar. Comprender el placer es algo extraordinario, requiere enorme atención, una mente rápida, una percepción sutil. Uno debe comprenderlo, y para comprender no se puede reprimir o negar esa cualidad, ese principio del placer. Y es difícil de hacer porque estamos muy condicionados a aceptar y a actuar en base al placer, a la gratificación. Por eso siempre limitamos nuestra atención completa, miramos la vida en fragmentos, y mientras estos existan, uno no tiene ninguna posibilidad de ver lo total. Si decimos: 'Debo tener cierto placer y voy a conseguirlo a cualquier precio', entonces no comprenderemos ni veremos la estructura del placer. Pero nosotros estamos interesados en ver la totalidad del placer, el cual contiene dolor, frustración, agonía, remordimiento, el dolor de la soledad. Y cuando el placer es negado, naturalmente huímos de todo esto de diferentes maneras, lo cual de nuevo es otra forma de placer.
La mente que está atrapada, que está condicionada por este principio del placer, no puede ver la verdad, no puede pensar con claridad, por tanto, no tiene pasión. Interpreta la pasión como sexo o como si se tratara de alcanzar una actividad fragmentaria y realizarse en ese fragmento.
De modo que sin comprender el placer, sólo queda el entusiasmo, el sentimentalismo que provoca crueldad, insensibilidad, etc. Y bien, ¿Qué es el placer? Porque sin comprender el placer no existe el amor. El amor no es placer, el amor no es deseo, el amor no son recuerdos. El placer niega el amor. Por tanto me parece importante comprender este principio. Sin duda el placer es deseo, que surge de manera muy natural cuando vemos algo que nos estimula, que nos produce una sensación, y de esa sensación surge el deseo, y la continuidad de ese deseo es el placer. Placer que el pensamiento alimenta. Veo algo, y en ese contacto hay una sensación, esa sensación es el deseo que el pensamiento alimenta, porque el pensamiento es la respuesta de la memoria. La memoria se basa en experiencias pasadas de placer y dolor. Y el pensamiento sustenta este deseo, quiere perseguirlo y realizarlo. Uno puede verlo de forma muy simple en uno mismo, si lo observa, todo está frente a uno. Nadie puede enseñarle esa cualidad de observación. Si le enseñan cómo observar, ha dejado de observar, tan sólo tendrá una técnica de observación que le impedirá ver de verdad por si mismo.
Usted mismo es la humanidad entera, con todas sus agonías y sus desdichas, con la soledad y el aislamiento, la desesperación, la total soledad de la existencia, el sin sentido de todo eso. Y cuando uno lo observa se despliega sin límite, es la vida misma. Entonces, uno no depende de nadie, de ningún psicólogo, de ningún teólogo, sacerdote o dogma. Entonces está mirando el movimiento de la vida que es uno mismo. Pero, por desgracia, no podemos ver con claridad porque nos impulsa este principio del placer. Así pues, para comprender el placer, se debe comprender la estructura del pensar. Porque el pensamiento es el que da continuidad al placer. 'He sentido placer, ayer tuve una experiencia de placer', cualquier placer, y el pensamiento al pensar en ese placer exige continuidad. De modo que ese recuerdo del placer de ayer reacciona, exige revivir ese placer por el pensamiento.
El pensamiento es tiempo. Pensar en un placer o satisfacción del pasado, en la alegría o el disfrute de ayer, ese pensamiento exige continuar en el ahora y proyecta ese placer hacia el mañana. El pensamiento crea el pasado, el presente y el futuro, lo cual es tiempo, 'tuve un placer, voy a tenerlo y lo tendré'. Esa cualidad de tiempo la crea el pensamiento, la sustenta. El pensamiento es tiempo y el tiempo crea el miedo. Y sin explorar el tiempo el placer y el pensamiento, siempre estaremos atrapados en el tiempo, por tanto el tiempo nunca se detendrá. Tan sólo cuando el tiempo termina surge algo totalmente nuevo. De otro modo, sólo existe la continuidad de lo que ha sido modificado a través del presente y condicionado por el futuro.
El ser humano debe liberarse del miedo, miedo al futuro, miedo a... El ser humano tiene docenas de miedos, miedos conscientes o inconscientes, miedo al vecino, miedo a la muerte, a sentirse solo, inseguro, incierto, miedo a sentirse confundido, estúpido, y tratar de ser más inteligente. Ya saben, miedos, miedos que siempre están relacionados con algo. Pues el miedo por si mismo no existe. Y para liberarse totalmente del miedo, no parcial o en fragmentos, sino de esa totalidad que consideramos el miedo, para hacerlo totalmente, o sea, estar psicologicamente libre del miedo, uno debe comprender el pensamiento, el tiempo y el placer. Esa comprensión no es intelectual o emocional, esa comprensión sólo sucede cuando existe atención completa, cuando uno presta toda la atención al placer, cómo surge, lo cual es tiempo. El pensamiento ha creado el tiempo: 'fui, soy y seré', 'debo cambiar esto en aquello'. Esa idea de un proceso gradual, esa idea de una gradual evolución psicológica del hombre resulta muy gratificante. Decir: 'gradualmente llegaremos a ser muy amables, gradualmente dejaremos de ser violentos, agresivos. En un futuro seremos hermanos. Ese concepto de gradual, que generalmente llamamos evolución psicológica, creo que es completamente falso.
No es una opinión, es un hecho. Porque cuando prestamos atención completa a algo, el tiempo realmente no existe. Uno no dice: 'Lo haré mañana'. En ese estado de atención no existe el ayer, el hoy ni el mañana, por lo tanto el tiempo ha llegado a su fin. Sin embargo, el tiempo no puede terminar si existe un centro como principio de placer. El placer, en si mismo, es dolor, no se puede separar ambas cosas. El placer es dolor, si uno lo observa. Así, que no es posible en lo psicológico eliminar el dolor si perseguimos psicologicamente el placer. Queremos uno pero sin el otro. Emocionalmente funcionamos en el quiero y no quiero, y cuando afecta problemas profundos y fundamentales, el poner toda nuestra mente en ello resulta difícil porque malgastamos toda nuestra vida, la disipamos en acciones fragmentadas. Y si actuamos de forma completa, que solamente lo hacemos cuando hay una crisis, entonces despertamos y ponemos toda nuestra atención.

Una charla como esta es una crisis, un reto, no pueden apartarla.
En consecuencia, puede que resulte difícil, tal vez sea arduo seguirla, pero no será difícil si observan su propio estado mental, Saben, es como sentarse en la orilla de un río y observar el movimiento del agua. Si lo observan, no existe el observador ni lo observado, sólo hay un movimiento. Pero para observarlo, no puede haber miedo ni tiempo, ninguna sensación de placer ni exigencia de gratificación. Entonces, en ese estado uno puede observar todo el movimiento de la vida, el movimiento de la vida que es agonía, desesperación. El dolor de una existencia sin sentido, la rutina, el aburrimiento, los enormes miedos como la muerte. Uno puede observar todo esto, y cuando lo observa así, el observador es eso que observa, y entonces uno puede ir más allá de todo esto.
La mutación en la mente sólo puede suceder cuando el tiempo, el placer y el miedo llegan a su fin, entonces se abre una dimensión, una cualidad que el pensamiento no puede alcanzar.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Jiddu Krishnamurti

Fragmentos


*


En mis pláticas, no voy a tejer una teoría intelectual. Hablaré de mi propia experiencia, la cual no nace de ideas intelectuales, sino que es real. Por favor, no piensen en mí como en un filósofo que expone un nuevo conjunto de ideas para que el intelecto de ustedes pueda hacer malabares con ellas. Eso no es lo que voy a ofrecerles. Más bien, quisiera explicar que la verdad, la vida de plenitud y riqueza interna, no puede ser realizada por intermedio de otra persona, mediante la imitación o mediante alguna forma de autoridad.

*


El hombre modifica el medio, y el medio modifica tal o cual parte del hombre que está conectada con la modificación del medio, no al hombre en su totalidad, en su profundidad más recóndita. Ninguna presión exterior puede efectuar tal cosa, sólo modifica las partes superficiales de la conciencia. Tampoco el análisis psicológico puede provocar la mutación, puesto que todo análisis se sitúa en el campo de la continuidad. Tampoco la experiencia puede provocar la mutación por más exaltada y "espiritual" que sea. Por el contrario, cuanto más aparezca ésta como una revelación, más condicionará. En los dos primeros casos -modificación psicológica producida por el análisis o la introspección, y modificación producida por una presión exterior- el individuo no sufre transformación profunda alguna: sólo se ve modificado, reformado, reajustado, para poder adaptarse a lo social.

*


La conciencia es conocimiento. ¿Acaso no diría usted que toda nuestra existencia es experiencia? De la experiencia tanto si es científica, emocional o sexual, adquirimos conocimientos. Y ese conocimiento se almacena en el cerebro como memoria. La respuesta de la memoria es pensamiento. Dígase como se diga, ése es el proceso.

Mi conciencia soy yo, no soy distinto de mi conciencia. Por tanto, el observador es lo observado. Eso es un hecho. Mi conciencia es la conciencia de la humanidad; no está separada. Y esa conciencia ha conocido conflictos, dolor. Ha inventado a dios. El individuo ha vivido veinticinco mil años en esta miseria, inventando tecnología y utilizándola para destruirse unos a otros.

Al cabo de veinticinco mil años soy lo que soy. Todos vemos esto. Hitler ha dejado su huella sobre nosotros, y lo mismo han hecho Buda y Jesús, en el caso de que hayan existido. Mi condicionamiento es el resultado de todo eso. Mi pregunta es: ¿es posible vivir sin estar condicionados? Y yo respondo que sí; que es posible estar completamente descondicionado.

*


En todas partes del mundo, los hombres así llamados santos han sostenido que mirar a una mujer es algo totalmente censurable;
dicen que uno no puede acercarse a Dios si se abandona al sexo; por lo tanto, lo hacen a un lado aunque se sientan devorados por él. Pero, al negar la sexualidad, se sacan los ojos y se cortan la lengua, porque niegan toda la belleza de la tierra. Han hambreado sus mentes y sus corazones; son seres humanos desecados; han desterrado la belleza, porque la belleza está asociada con la mujer.

*


El miedo es tiempo y pensamiento. Le damos una continuidad al miedo por medio del pensamiento, y por medio del pensamiento le damos una continuidad al placer. Este hecho es sencillo: pensando en el objeto de nuestro placer, le otorgamos al placer una continuidad, y lo mismo hacemos con el miedo, pensando en el objeto de nuestro temor. Si yo tengo miedo de usted -o de la muerte, o de alguna otra cosa- pienso en usted o en la muerte y así alimento el miedo. Si, por el contrario, llegásemos a encontrarnos cara a cara con el objeto de nuestro miedo, éste cesaría.
Hablo del miedo psicológico, no del miedo de un peligro físico que uno trata de alejar, lo cual es natural. Considere usted el miedo a la muerte. ¿En qué consiste ese miedo? Dividimos la totalidad del fenómeno vital en vida y muerte. La vida es conocida, y de la muerte nada se sabe ¿Se tiene miedo de lo que no se conoce, o más bien se tiene miedo de perder lo que uno conoce? Es evidente que vida y muerte son dos aspectos de un mismo fenómeno. Si dejamos de considerarlos como dos fenómenos diferentes, ya no hay conflicto.

Uno conoce generalmente la causa del temor; la muerte, la opinión pública, las cosas que uno ha hecho y que no quiere que sean descubiertas, etc. La mayor parte de las personas conocen la causa de su miedo, pero eso evidentemente no pone fin al miedo. Por el análisis puede uno descubrir alguna oculta causa del temor, pero tampoco esto libera de él a la mente. Lo que la libera del temor y os aseguro que la liberación es completa- es el darse cuenta del temor sin la palabra, sin tratar de rechazar el temor o escapar de él, sin querer estar en algún otro estado. Si con toda atención os dais cuenta del hecho de que hay temor, entonces hallaréis que el observador y lo observado son una sola cosa, no hay división entre ellos. No hay un observador que dice: “Tengo miedo”; hay sólo el miedo sin la palabra que indica ese estado. La mente ya no escapa, ya no trata de librarse del temor, ya no trata de hallar la causa, y por lo tanto ya no es esclava de las palabras. Sólo hay un proceso de aprender, que es el resultado de la inocencia, y una mente inocente no tiene miedo.

*


Una experiencia llamada espiritual es la respuesta del pasado a mi angustia, a mi dolor, a mi temor, a mi esperanza. Esta respuesta es la proyección que ocurre para compensar un estado miserable. Mi conciencia proyecta lo contrario de lo que ella es, porque yo estoy persuadido de que ese contrario, exaltado y dichoso, es una realidad consoladora. Así, mi fe católica o budista construye y proyecta la imagen de la Virgen o del Buda, y esas invenciones despiertan una emoción intensa en esas mismas capas inexploradas de la conciencia que habiéndolas inventado sin saberlo, las confunde con la realidad. Los símbolos, o las palabras, se vuelven más importantes que la realidad. Se instalan en calidad de memoria en una conciencia que dice: “Yo sé, puesto que he tenido una experiencia espiritual”. Entonces las palabras y el condicionamiento se vitalizan mutuamente en el círculo vicioso de un circuito cerrado.

El hombre está persuadido de que vivir experiencias es vivir realmente. De hecho, lo que se vive no es la realidad sino el símbolo, el concepto, el ideal, la palabra. Vivimos de palabras. Si la vida llamada espiritual es un perpetuo conflicto, es porque en ella formulamos la pretensión de alimentarnos de conceptos, como si teniendo hambre pudiéramos alimentarnos con la palabra “pan”. Vivimos de palabras y no de hechos. En todos los fenómenos de la vida, ya se trate de la vida espiritual, de la vida sexual, de la organización material de nuestro tiempo de trabajo o de descanso, nos estimulamos por medio de palabras. Las palabras se organizan en ideas, en pensamientos, y sobre la base de esos estímulos, creemos vivir tanto más intensamente cuanto mejor hayamos sabido, gracias a ellas, crear distancias entre la realidad (nosotros, tales como somos) y un ideal (la proyección de lo contrario de lo que somos).

El exigir experiencias más grandes significa escapar de lo 'que es'. Sin embargo sólo en lo 'que es' está el misterio de la vida.

*


Las religiones hacen su propaganda con el fin de obtener poder sobre las conciencias. Procuran apoderarse de la infancia para condicionarla mejor. Las religiones de las Iglesias y las de los Estados, proclaman la necesidad de todas las virtudes, mientras que su historia no es sino una serie de violencias, de terrores, de torturas, de matanzas inimaginables.

De hecho, en nuestra época, la religión, como verdadera comunión del hombre con aquello que lo supera, no desempeña ningún papel en la trayectoria de los asuntos humanos. Más bien es todo lo contrario: las organizaciones religiosas son instrumentos políticos y económicos.

Un espíritu verdaderamente religioso está desprovisto de todo miedo, porque está libre de todas las estructuras que las civilizaciones han impuesto a lo largo de los milenios. Un espíritu semejante está vacío, en el sentido de que se ha vaciado de todas las influencias del pasado, sea colectivo o personal, así como de las presiones que ejerce la actividad del presente, la cual genera el futuro.

*


La verdad no puede ser percibida a través del tiempo. La verdad no está cuando está el 'yo'. No puede existir si el pensamiento se mueve en cualquier dirección. La verdad no es algo que puede ser medido. Y sin amor, sin compasión, con su propia inteligencia, no puede estar la verdad.

No puedo ir a la verdad, o ver la verdad. La verdad sólo puede existir, puede ser, o es, sólo cuando el yo no está.

*


Siempre se ha preguntado, ¿existe algo más allá de todo este sufrimiento, más allá de todo este caos, más allá de las guerras, de la constante lucha entre los seres humanos? ¿Existe algo que sea inmutable, sagrado, absolutamente puro, no contaminado por ningún pensamiento ni por ninguna experiencia? Desde los tiempos antiguos, éste ha sido el interrogante de todas las personas serias. Para descubrirlo, para dar con eso, es imprescindible la meditación, pero no la meditación repetitiva que no tiene ningún sentido. Cuando la mente está libre de todo conflicto, de cualquier afán del pensamiento, entonces existe una energía creativa que es verdaderamente religiosa. Dar con esa energía que no tiene principio ni fin es la verdadera profundidad y belleza de la meditación lo cual requiere libertad de todo condicionamiento.
Así que hay un origen, una "base" inicial desde la cual surgen todas las cosas, y esa "base" inicial no es la palabra; la palabra nunca es la cosa. La meditación consiste en dar con esa "base" que es el origen de todas las cosas y que está libre de todo tiempo. Éste es el camino de la meditación, y bienaventurado es el que lo descubre.

domingo, 27 de octubre de 2013

Jiddu Krishnamurti

¿Puede librarse la mente de todo el pasado?

Los sistemas, las filosofías y las religiones no han liberado al hombre. Vemos que aún sigue dentro de la prisión que él mismo ha hecho de la conciencia, y esa no es libertad de ninguna manera. Es como un preso que aún viviendo entre cuatro paredes, dice que es libre. Por cierto no lo es, puede pasear por el espacio cercado, pero la libertad es algo enteramente distinto, reside por completo fuera de la prisión. Viendo cabalmente toda esta compleja relación humana, este complejo de condicionamientos, la pugna, la lucha, la brutalidad, la soledad, la desesperación, el miedo a la muerte, la falta de amor, la agresividad, lo que somos, nos preguntamos: ¿es posible trascenderlo por completo y quedar enteramente libres de todo ello? No puede ayudarnos ningún agente exterior; cualquier agente externo es otra invención de una mente condicionada, otra ideología de una mente que no puede encontrar una salida y que por eso asume como un hecho lo que sólo es una creencia.

La vida es una serie de experiencias, conscientes o inconscientes. Todas estas experiencias, las distintas formas de influencia, ideas, propaganda, todas se están vaciando en el interior, y cada una de ellas produce una huella. Es con estas diversas heridas, huellas, recuerdos, en forma de conocimiento, que miro, de modo que mi mirada está siempre nublada, nunca está clara. ¿Puedo mirarme yo con ojos que nunca hayan sido tocados por la experiencia? Si me miro con los ojos de la experiencia, con ojos que han mirado tantas cosas por las que he pasado; tantas tragedias, pensamientos, penas y desesperanzas entonces esos ojos nunca ven nada con claridad. Para mirar, ¿puede librarse la mente de todo el pasado?

¿Puede la mente darse cuenta de su condicionamiento? ¿Puede mirarlo sin distorsión alguna, sin ninguna predisposición? Ese es el problema. ¿Es posible mirar cualquier cosa, el árbol, la nube, la flor, el niño, el rostro de una mujer o de un hombre como si usted lo estuviera mirando por primera vez? Esa es realmente la cuestión fundamental: verdadera libertad para mirar.

Y la libertad implica estar libre de todo el trasfondo del pasado. El pasado es la cultura en que nos hemos criado, las influencias sociales y económicas, las tendencias peculiares de cada uno de nosotros, los impulsos, los dogmas religiosos, las creencias, todo eso es pasado; y con ese pasado tratamos de mirarnos, aún cuando nosotros mismos somos ese pasado.

¿Ha intentado alguna vez mirar a su esposa, al marido, a la amiga o al amigo, sin la imagen que tiene de ellos? ¿Ha visto sus implicaciones y ha visto si puede estar libre de implicaciones para poder mirar?

Necesitamos mucha energía para mirar un árbol sin este espacio, sin esta división entre el que ve y lo visto; usted necesita gran energía en su atención y también es menester que tenga un sentido de libertad. La libertad y la atención tienen que ir juntas. De ahí nace el amor, cualidad de atención en que no existe el observador.

sábado, 10 de agosto de 2013

Jiddu Krishnamurti

El Libro de la Vida

No hay sendero hacia la verdad, ella debe llegar a uno. La verdad puede llegarnos sólo cuando la mente y el corazón son sencillos, claros, y en nuestro corazón hay amor; no si nuestro corazón está lleno con las cosas de la mente.
Cuando en el corazón hay amor, no hablamos acerca de organizar la fraternidad; no hablamos de creencias, de división o de poderes que crean división, no necesitamos reconciliarnos. Entonces somos, cada uno de nosotros, simplemente un ser humano, sin rótulo alguno, sin una nacionalidad. Esto significa que usted debe despojarse de todas esas cosas y permitirle a la verdad que se manifieste; y la verdad puede manifestarse sólo cuando la mente está vacía, cuando cesa en sus creaciones. Entonces la verdad vendrá sin que la inviten. Llegará tan rápida y sorpresiva como el viento. Llega en secreto, no cuando la aguardamos, cuando la deseamos. Está ahí, tan súbita como la luz del sol, tan pura como la noche. Pero para recibirla, el corazón debe estar lleno y la mente vacía. Ahora tiene usted la mente llena y su corazón está vacío.

No hay camino alguno que nos conduzca a la verdad, y no hay dos verdades. La verdad no es del pasado ni del presente, es intemporal; y el hombre que cita la verdad del Buda, de Shankara, de Cristo, o aquel que meramente repite lo que yo digo, no encontrará la verdad, porque la repetición no es la verdad. La repetición es una mentira.
La verdad es un estado del ser que surge cuando la mente que busca dividir, ser exclusiva, que sólo puede pensar en términos de logros, de resultados, ha llegado a su fin. Sólo entonces existirá la verdad.
La mente que hace esfuerzos, que se disciplina a fin de lograr un objetivo, no puede conocer la verdad, porque el objetivo es su propia proyección, y el hecho de perseguir esa proyección, por noble que sea, es una forma de culto de sí misma. Un ser así es un ególatra y, por lo tanto, no puede conocer la verdad.

La verdad no es continua, no tiene lugar permanente, puede ser vista solamente de instante en instante. Es siempre nueva, por lo tanto, es intemporal. Lo que fue verdad ayer no es verdad hoy, lo que hoy es verdad no es verdad mañana. No tiene continuidad. La mente es la que desea hacer continua la experiencia que ella llama verdad, y una mente así no conocerá la verdad, que es siempre nueva, que está en ver la misma sonrisa y ver esa sonrisa de un modo nuevo, en ver la misma persona y verla de un modo nuevo, en ver de un modo nuevo las palmeras ondulantes; la verdad está en enfrentarse de un modo nuevo a la vida.

Ir en busca de la verdad es negarla. La verdad no tiene morada fija; no hay sendero ni guía que conduzcan hacia ella, y la palabra verdad no es la verdad. ¿Puede la verdad ser hallada en un medio particular, en un clima especial, entre determinadas personas? ¿Está aquí y no allá? ¿Es tal persona la que nos guía hacia la verdad, y no otra? ¿Existe, acaso, guía alguna? Cuando la verdad es buscada, lo que encontramos sólo puede provenir de la ignorancia, porque la misma búsqueda nace de la ignorancia. Uno no puede buscar la realidad,
'uno' debe cesar para que la realidad sea.

lunes, 10 de junio de 2013

Jiddu Krishnamurti

Cuando hay amor, no hay bien ni mal

Indudablemente, aquel hombre que comprende la vida, no necesita creencias. Un hombre que ama no tiene creencias; ama. El que tiene creencias es el hombre consumido por el intelecto, porque el intelecto está siempre buscando seguridad, protección, siempre está evitando el peligro y, por eso, engendran ideas, creencias, ideales, detrás de los que pueda protegerse.

Percibir la verdad exige que se comprenda lo falso. Sin eliminar las causas de ignorancia, no puede haber iluminación; buscarla cuando la mente se debate en la ignorancia es en absoluto vano y sin sentido. Por consiguiente, debo empezar a ver lo falso en mis relaciones con las ideas, con la gente, con las cosas. Cuando la mente ve lo que es falso, se manifiesta lo verdadero; entonces hay éxtasis, hay felicidad.

Por cierto, las creencias echan raíces muy profundas y se vuelven inconmovibles, porque detrás de esas creencias, de esos dogmas, está el miedo constante a lo desconocido. Pero jamás miramos ese miedo; le volvemos la espalda. Cuanto más fuertes son las creencias, más fuertes los dogmas. Y cuando examinamos estas creencias: la cristiana, la hindú, la budista, etcétera, advertimos que dividen a la gente. Cada dogma, cada creencia tiene una serie de rituales, de compulsiones que atan y separan a los seres humanos. De modo que empezamos una indagación para averiguar qué es lo verdadero, cuál es el significado de esta desdicha, de esta lucha, de este dolor; y pronto quedamos atrapados en creencias, rituales, teorías.

No cambiar de creencias, no sustituir una creencia por otra, sino estar enteramente libres de todas las creencias, a fin de que nos enfrentemos a la vida de un modo nuevo a cada instante. Esto, después de todo, es la verdad: ser capaces de afrontarlo todo de una manera nueva, afrontarlo de instante en instante sin la reacción acondicionada del pasado, de modo tal que no exista el efecto acumulativo que actúa como una barrera entre uno mismo y lo que es.

¿Por qué las ideas se arraigan en nuestras mentes? ¿Y por qué no se vuelven sumamente importantes los hechos, no las ideas? ¿Por qué llegan a ser tan significativas las teorías, los conceptos, y no el hecho? ¿Es, acaso, porque no podemos comprender el hecho, porque nos falta la capacidad de enfrentarnos a él, o porque nos atemoriza hacerlo? Así pues, las ideas, las especulaciones, las teorías, son recursos para escapar del hecho...

Solamente cuando la mente está libre de la idea puede haber una experiencia directa. Las ideas no son la verdad; y la verdad es algo que debe ser experimentado directamente, de instante en instante.
sólo cuando uno puede trascender todo eso y el pensamiento está absolutamente silencioso, hay un estado en que se experimenta de manera directa. En ese estado sabrá uno qué es la verdad.

Las creencias jamás unen a la gente, siempre la separan; cuando la acción se basa en una creencia o en una idea o en un ideal, tal acción debe, por fuerza, estar aislada, fragmentada.

La idea es el resultado del proceso del pensamiento, el proceso del pensamiento es la respuesta de la memoria, y la memoria siempre está condicionada. La memoria, que se halla permanentemente en el pasado, es reavivada en el presente por medio de un reto. Pues la memoria no tiene vida en sí misma, cobra vida en el presente cuando debe enfrentarse a un reto. Y toda la memoria, latente o activa, está condicionada

Los políticos suelen prometer, las organizaciones religiosas, pueden prometer la felicidad futura; pero esa felicidad no la tenemos ahora,
y el futuro tiene relativamente muy poca importancia cuando estoy hambriento. Hemos ensayado todos los otros caminos; pero el camino del amor sólo podemos conocerlo si conocemos el camino de la idea y abandonamos la idea, lo cual implica actuar.

¿por qué dividimos la vida en la cosa llamada 'bien' y la cosa llamada 'mal'? ¿No existe, en realidad, solamente una cosa, que es una mente inatenta? Por cierto, cuando hay atención total, es decir cuando la mente está por completo atenta, alerta, vigilante, no existen cosas tales como el mal o el bien; sólo hay un estado lúcido, despierto. La bondad no es, entonces, una cualidad del ser, no es una virtud; es un estado de amor.

Cuando hay amor, no hay bien ni mal, sólo hay amor. Cuando uno ama verdaderamente a alguien, no piensa en el bien o el mal, todo su ser está lleno de ese amor. Sólo cuando se termina la atención completa, cuando concluye el amor, surge el conflicto entre lo que soy y lo que debería ser. En este caso, aquello que soy es malo, y lo que debería ser es lo que llamo bueno.

Peleamos por ideas, justificamos el asesinato; en todas partes del mundo estamos justificando el asesinato como un medio hacia un fin justo, lo cual es, de sí, inaudito. Antes, se reconocía que el mal era el mal, que el asesinato era asesinato, pero ahora el asesinato es un medio para obtener un resultado noble. El asesinato, ya sea de una sola persona o de un conjunto de personas, se ve justificado, porque el asesino o el grupo que él representa, justifica ese asesinato como el modo cierto de alcanzar un resultado que será beneficioso para el hombre. Es decir, sacrificamos el presente por el futuro, sin importar cuáles serán los medios empleados, en tanto declaremos que nuestro propósito es el de producir un resultado que beneficiará al hombre.
Contamos con una magnífica estructura de ideas para justificar el mal

El aprender es extraordinario; aprender, no acumular conocimientos. Acumular conocimientos es una cosa por completo diferente. Lo que llamamos conocimiento es comparativamente fácil, porque solamente es un movimiento de lo conocido a lo conocido. Pero aprender es un movimiento desde lo conocido a lo desconocido. Sólo así aprende uno.

La relación basada en necesidades mutuas sólo genera conflicto.
Nos usamos el uno al otro para un propósito, para una finalidad. Con una finalidad en perspectiva, la relación es inexistente. Usted puede usarme y yo puedo usarle. En esta utilización perdemos contacto. Una sociedad que se basa en la utilización mutua de sus miembros es el fundamento de la violencia.

El amor a lo que es, es el principio de la sabiduría. Solamente el amor comparte, sólo en el amor hay comunión; pero el renunciamiento y el autosacrificio son los caminos del aislamiento y de la ilusión.

miércoles, 5 de junio de 2013

Jiddu Krishnamurti

Donde existe el amor, no existe el 'yo'

Si su mente está llena, atestada de hechos, de conocimientos, éstos actúan como un obstáculo para lo nuevo; la dificultad para la mayoría de nosotros es que la mente se ha vuelto tan importante, tan predominantemente significativa, que interfiere todo el tiempo toda cosa que pueda ser nueva, que pueda existir simultáneamente con lo conocido. Este conocimiento y el aprendizaje son obstáculos para quienes quieren buscar, para quienes desean tratar de comprender aquello que es intemporal.

Tengo que conocerme a mí mismo, la estructura, la naturaleza, la significación de la entidad total; pero no puedo hacerlo cargado con mi conocimiento previo, con mi experiencia anterior, con una mente que condiciona, ya que entonces no estoy aprendiendo, sólo estoy interpretando, traduciendo, mirando con ojos que ya se encuentran oscurecidos por el pasado.

Un hombre abarrotado de conocimientos, de enseñanzas, agobiado por todas las cosas que ha aprendido, jamás es libre. Puede ser extraordinariamente erudito, pero su acumulación de conocimientos le impide ser libre; por lo tanto, es incapaz de aprender.

Destruir es crear. Debemos destruir, no los edificios, no el sistema social o económico, esto sucede todos los días, sino las defensas psicológicas, las conscientes y las inconscientes, las seguridades que hemos desarrollado racionalmente, individualmente, tanto en lo profundo como en lo superficial. Debemos romper con todo eso, a fin de estar completamente desprovistos de defensas, porque para amar, para sentir afecto, tenemos que vivir sin defensa psicológica alguna.

Al fin y al cabo, la virtud, la ética, no son una repetición de lo bueno. En el momento en que la virtud se torna mecánica, deja de ser virtud. La virtud es algo que debe existir de instante en instante, como la humildad. La humildad no puede ser cultivada, y una mente que carece de humildad es incapaz de aprender. De modo que la virtud está libre de autoridad. La moralidad social no es moralidad en absoluto; es inmoral porque admite la competencia, la codicia, la ambición; por lo tanto, la sociedad alienta la inmoralidad. La virtud es algo que trasciende la moralidad.

Tal como no podemos cultivar la humildad ni podemos cultivar el amor, así tampoco la virtud puede ser cultivada; y en ello hay una gran belleza. La virtud jamás es mecánica, y sin virtud no hay base para el claro pensar.

La transformación del mundo resulta de la transformación de uno mismo, porque uno mismo es producto y parte del proceso total de la existencia humana. Para que uno pueda transformarse, es esencial que se conozca.

Si uno quiere ir en pos de algo, no es bueno estar atado. Para conocernos a nosotros mismos, nuestra mente debe hallarse en un estado de percepción alerta, de vigilancia, estado en el que se halla libre de todas las creencias, de todas las idealizaciones, porque las creencias y los ideales nos dan un solo color, falseando la verdadera percepción. Si queremos saber lo que somos, no podemos imaginar algo que no somos ni creer en ello. Si soy codicioso, envidioso, violento, de poco vale que tenga meramente un ideal de no violencia, de no codicia.

El comprender sin distorsión alguna lo que realmente somos, es el principio de la virtud. La virtud es esencial, porque ella nos brinda libertad.

El amor no es el «yo»; el 'yo' no puedo reconocer el amor. Uno dice 'yo amo', pero en el decirlo mismo, en el propio experimentarlo, está ausente el amor. Cuando amamos, el 'yo' está ausente. Donde existe el amor, no existe el 'yo'.

sábado, 13 de junio de 2009

Jiddu Krishnamurti

Ideales

¿Por qué deseamos ideales? No digo que no sean verdades, pero ¿por qué los deseamos? Decimos que los necesitamos porque no podemos, sin un patrón, sin una medida, un ideal, guiar nuestras vidas en medio de estas constantes batallas y luchas de la existencia. ¿No es así? Por lo tanto, deseamos un patrón, una continua medida para poder juzgar nuestras acciones en la vida cotidiana. ¿Qué indica eso? Que estamos más interesados en el ideal, en la medida, que en los conflictos, las luchas y los sufrimientos con que nos enfrentamos. Por consiguiente, como estas luchas son tan grandes, tan conflictivas, tan inmensas, establecemos los ideales como un medio de escapar de ellas. Yo considero que, para comprender el conflicto, las dificultades, los sufrimientos, para comprenderlos tal como son, no por medio de un patrón, de una medida, la mente debe estar libre. Cuando usted se encuentra en medio de un gran conflicto, de un gran sufrimiento, en esos instantes no piensa, por cierto, en el ideal, en lo que debería hacer. Está tan devorado por el sufrimiento, que desea descubrir. Entonces no busca un ideal que lo saque de eso. Sólo cuando el sufrimiento disminuye, cuando se aquieta, recurre usted a un ideal para que le ayude a salir de ese sufrimiento.
Para mí, todas las ideas son sólo formas de aliviar el sufrimiento y, por lo tanto, no pueden explicarle la razón del sufrimiento. Tome la persona corriente y verá que tiene innumerables ideales, creencias, y que todo el día trata de vivir conforme a esas creencias, a esos ideales, si es que de algún modo piensa en ello. De esta manera, convierte la vida en una continua batalla entre lo que son los hechos y lo que uno desea que sean. Pero, si comprende fundamentalmente cuáles son los hechos y qué es lo real, entonces descubrirá la verdadera raíz de la búsqueda de consuelo; por lo tanto, se liberará de estos falsos patrones, de las falsas medidas que continuamente tratan de moldear su mente para que se ajuste a un determinado patrón.

sábado, 9 de mayo de 2009

Jiddu Krishnamurti

La verdadera religión

En la mañana de hoy quisiera dilucidar qué es la verdadera religión. Mas para descubrir lo que ella es, debemos primero encaminar nuestra vida y no sobreponerle algo que creemos espiritual, romántico, sentimental. Examinemos, pues, nuestra vida para saber qué entendemos por religión, y si hay algún modo de descubrir qué es la verdadera religión.

En primer lugar, la vida de la mayoría de nosotros está llena de conflictos; estamos sumidos en el dolor, en el sufrimiento, Nuestra vida es aburrida, vacía; la muerte nos espera, y hay explicaciones a granel. La vida es principalmente una repetición constante de cosas habituales. Considerada en su totalidad, es penosa y cansadora, pesada y dolorosa; y ésa es la suerte que corre la mayoría de nosotros. Para escapar a eso recurrimos a las creencias, a los rituales, al saber, a las distracciones, a la política, a la actividad: nos acogemos gustosos a cualquier medio de evitar nuestra diaria rutina, tediosa y pesada. Estos escapes, ya sean políticos o religiosos, tienen por su propia naturaleza que volverse igualmente cansadores, rutinarios, habituales. Nos movemos de una sensación a otra; y toda sensación termina por ser tediosa, aburrida. Como nuestra vida es principalmente una reacción de nuestros centros físicos, y como ella causa perturbación y dolor, tratamos de huir hacia lo que llamamos religión, hacia el reino del espíritu.

Ahora bien, mientras busquemos la sensación en alguna forma, ésta ha de conducir eventualmente al fastidio; porque uno se harta, se cansa de ello, lo cual es asimismo un hecho evidente. Mientras más sensaciones experimentáis, más fatigosas se vuelven ellas al final; más tediosas, más habituales. ¿Y acaso la religión es cosa de sensación? Por religión entendemos la búsqueda de la realidad, el descubrimiento, la comprensión o vivencia de lo supremo. ¿Es todo esto asunto de sensación, de sentimiento, de simpatía? Para la mayoría de nosotros, la religión es una serie de creencias, dogmas, rituales, una constante repetición de fórmulas organizadas, etc. Si examináis estas cosas, veréis que ellas también son resultado del deseo de sensación. Concurrís a iglesias, a templos o a mezquitas, repetís ciertas frases y os entregáis a ciertas ceremonias. Todas ellas son estímulos, os producen cierta clase de sensación; y vosotros al sentiros satisfechos con esa sensación, le dais un nombre altisonante, no obstante lo cual ella es esencialmente sensación. Sois prisioneros de la sensación, os agradan las impresiones, la emoción de ser buenos, la repetición de ciertas plegarias, etc. Pero si esto se analiza de un modo profundo e inteligente, descúbrese que en el fondo esas cosas son mera sensación; y aunque varíen en la forma de expresarse y os den una impresión de novedad, ellas son esencialmente sensación, y, por lo tanto, al final de cuentas, resultan pesadas, tediosas, creadoras de hábito.

Así, pues, la religión no es evidentemente ceremonia. La religión no es dogma. La religión no es la continuación de ciertos principios o creencias inculcadas desde la niñez. Que creáis en Dios o no creáis en Dios, ello no os convierte en personas religiosas. La creencia, por cierto, no os torna religiosos. El hombre que lanza una bomba atómica y destruye en pocos minutos a miles y miles de personas, puede que crea en Dios; y ni el que lleva una vida estúpida y también cree en Dios, ni la persona que no cree en Dios, son sin duda personas religiosas. El creer o el no creer, nada tiene que ver con la búsqueda de la realidad o con el descubrimiento y vivencia de esa realidad, lo cual es religión. La vivencia de la realidad es religión; y esa vivencia no se alcanza mediante ninguna creencia organizada, ninguna iglesia, ningún conocimiento, sea de Oriente o de Occidente. Religión es la capacidad de experimentar directamente aquello que es inconmensurable, que no pueden expresarse en palabras; pero eso no puede experimentarse mientras huyamos de la vida, de esa vida que hemos convertido en algo tan torpe, tan vacío, tan rutinario. La vida, que es interrelación, ha llegado a ser cuestión de rutina porque en lo íntimo no hay intensidad creadora, porque interiormente somos pobres; y es por eso que exteriormente tratamos de llenar ese vacío con creencias, con diversiones y conocimientos, con diversas formas de excitación.

Ese vacío, esa pobreza interior, sólo podrá cesar cuando dejemos de escaparnos; y dejamos de escaparnos cuando ya no buscamos sensación. Entonces podemos enfrentar ese vacío. Ese vacío no es distinto de nosotros: somos ese vacío. Como lo dilucidábamos ayer, el pensamiento no es distinto del pensador. El vacío no es distinto del observador que siente dicho vacío. El observador y lo observado son un fenómeno conjunto. Y cuando eso lo experimentéis directamente encontraréis que esa cosa que habéis temido como vacío -y que os hace buscar escapatorias en diversas formas de sensación, la religión, inclusive- cesa; y podéis hacerle frente y ser ese vacío. No habiendo comprendido lo que significan y cómo han surgido los escapes, y dado que no los hemos examinado ni ahondado plenamente, ellos han llegado a ser mucho más importantes, más significativos, que aquello que es. Los escapes nos han condicionado; y, por haber escapado, no somos creadores en nosotros mismos. Hay "creatividad" en nosotros cuando experimentamos la realidad constantemente pero no de un modo continuo; porque hay una diferencia entre la continuidad y el experimentar de instante en instante. Lo que continúa decae. Aquello que se experimenta de instante en instante, ni muere ni decae. Si podemos experimentar algo de instante en instante, ello tiene vitalidad, posee vida; si podemos enfrentar la vida en todo momento de un modo nuevo, en ello hay "creatividad". Pero tener una experiencia cuya continuidad deseáis, es algo en que hay decadencia.

Muchas personas que han tenido alguna clase de experiencia placentera, quieren que esa experiencia continúe. Vuelven, pues, a ella, la reviven, la buscan la añoran y son infelices porque ella no continúa; y así se produce un constante proceso de decadencia. Por el contrario, si hay vivencia de instante en instante, hay renovación. Esa es la renovación creadora; y no podéis tener esa renovación, ese impulso creador, si vuestra mente se ocupa en escapar y se ve atrapada en todas esas cosas que damos por sabidas. Por eso tenemos que examinar de nuevo todos los valores que hemos acumulado; y uno de los principales valores de nuestra vida es la religión, la cual se halla muy organizada. Pertenecemos a una u otra de las varias religiones, sectas, sociedades o grupos organizados, porque ello nos da cierto sentido de seguridad. El estar identificados con la organización más vasta, o con la más pequeña, o con la más exclusiva, nos brinda satisfacción. Sólo cuando seamos capaces de reexaminar todas esas influencias que nos condicionan, que nos ayudan a huir de nuestro fastidio, de nuestra vacuidad, de nuestra falta de responsabilidad creadora y de júbilo creador; sólo cuando las hayamos examinado y estemos de vuelta después de desecharlas y de haber encarado lo que es -sólo entonces, sin duda, seremos capaces de penetrar realmente en la totalidad del problema de lo que es la verdad. Porque, al hacer esto hay una posibilidad de conocimiento propio; y sólo cuando existe el conocimiento de ese proceso, hay una posibilidad de pensar, sentir y actuar rectamente. No podemos practicar el recto pensar a fin de liberarnos del proceso de pensamiento; para ser libre, uno debe conocerse a sí mismo. El conocimiento propio es el principio de la sabiduría; y sin conocimiento propio no puede haber sabiduría. Puede haber conocimiento, sensación; pero la sensación es tediosa y pesada, mientras que la sabiduría, que es eterna, nunca decae ni puede tener fin.

viernes, 8 de mayo de 2009

Jiddu Krishnamurti

Frases

"Conoceremos el estado del amor solo cuando los celos,la envidia, la posesión y el dominio terminen. Mientras haya posesividad, no hay amor".

"Cuando hay amor, no hay bien ni mal, sólo hay amor".

"Cuando la mente está completamente silenciosa, tanto en los niveles superficiales como en los profundos; lo desconocido, lo inconmensurable puede revelarse".

"Cuando no hay amor en nuestro corazón, solo nos queda una cosa: el placer; y ese placer es el sexo, por lo tanto este se convierte en un enorme problema".

"El miedo corrompe la inteligencia y es una de las causas de la egolatría".

"El nacionalismo es un proceso de aislamiento, que provoca guerras, miseria y destrucción".

"El sexo puede ser tan casto como el cielo azul sin nubes; pero con el pensamiento, la nube llega y oscurece el cielo".

"Entender es transformar lo que existe".

"Entre dos soluciones, opta siempre por la más generosa".

"Es porque somos tan secos nosotros mismos, tan vacíos y sin amor, que hemos permitido que los gobiernos se apoderasen de la educación de nuestros hijos y de la dirección de nuestras vidas".

"Guarda el libro, la descripción, la tradición, la autoridad, y toma la ruta para descubrirte a ti mismo".

"¿Ha notado usted que la inspiración llega cuando no la está buscando? Llega cuando toda expectativa se detiene, cuando la mente y el corazón se tranquilizan".

"La búsqueda se convierte en otra huida de lo que realmente somos."

"La libertad consiste en reconocer los límites".

"La religión de todos los hombres debe ser la de creer en sí mismos".

"La sabiduría no es una acumulación de recuerdos, sino una suprema vulnerabilidad a lo verdadero".

"La tradición incapacita y entorpece la mente de manera inevitable".

"La verdad es la que libera, no el esfuerzo por ser libre".

"Lo decisivo para traer paz al mundo es nuestra conducta diaria".

"Lo que importa, sobre todo mientras se es joven, no es cultivar la memoria, sino despertar el espíritu crítico y el análisis; pues solo así se puede llegar a comprender el significado real de un hecho en vez de racionalizarlo".

"Ningún libro es sagrado, lo puedo asegurar, igual que el periódico, son sólo palabras impresas en papel, y tampoco en ellas hay nada sagrado".

"No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma".

"No se comprende primero y luego se actúa. Cuando comprendemos, esa compresión absoluta es la acción".

"No te pierdas ni te confundas en las organizaciones, permanece solo y sencillo".

"Nuestra crisis no está en el mundo, sino en nuestra conciencia".

"Pensar: Proceso de supervivencia, condicionante. Para sobrevivir, nos vemos forzados a pensar".

"Piensas cuando no quieres hacer algo. Pensar es una pobre alternativa a actuar. Tu pensar consume toda tu energía. ¡Actúa, no pienses!".

"Por la esperanza del mañana sacrificamos el hoy, sin embargo la felicidad siempre está en el ahora".

"Sembrando trigo una vez, cosecharás una vez. Plantando un árbol, cosecharás diez veces. Instruyendo al pueblo, cosecharás cien veces".

"Si posees claridad, si eres una luz interna para ti mismo, nunca seguirás a nadie."

"Siempre sufres porque quieres ser diferente de lo que eres".

"La sabiduría no ejerce ninguna autoridad y aquellos que ejercen la autoridad no son sabios".

"Sembrando trigo una vez, cosecharás una vez. Plantando un árbol, cosecharás diez veces. Instruyendo al pueblo, cosecharás cien veces".

"Siempre sufres porque quieres ser diferente de lo que eres".

"Sólo cuando la mente está libre de ideas y creencias puede actuar correctamente".

"Sólo si escuchamos podremos aprender. Y escuchar es un acto de silencio; solo una mente serena pero extraordinariamente activa puede aprender".

"Solamente el individuo que no se encuentra atrapado en la sociedad puede influir en ella de manera fundamental".

"Tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre".

"Vivir es descubrir por uno mismo aquello que es verdadero, y uno puede hacer eso únicamente cuando hay libertad, cuando existe una constante revolución interna".

"Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta".