sábado, 26 de diciembre de 2015

Nasrudin



Ir al cielo a pie

Cuando finalmente su asno murió debido a su tan avanzada edad, Nasrudin estuvo inconsolable durante varios días. Su esposa se asustó tanto por su negativa a comer y beber que pidió al imam que hablara con él.
—Mulah, empezó el hombre amablemente, todas las criaturas de Dios morirán finalmente. Recuerda, el semental favorito del alcalde sólo vivió tres años. Y Antar, la mula gris del recaudador, pasó a mejor vida después de muchos años de valioso servicio. Incluso mi propio y hermoso fiel corcel sucumbió a la muerte hace unos pocos meses. Y su sustituto morirá también un día.
—¡Ésa es la cuestión!, dijo Nasrudín. Todos los hombres a los que te refieres están en condiciones de comprar otra montura. Cuando yo muera, tendré que ir al cielo, a unirme con mi asno, a pie.

Alfredo Ramos Martínez













































martes, 22 de diciembre de 2015

Nasrudin

La muerte de Tamerlan

—Si eres un verdadero místico, dijo Tamerlán a Nasrudín, tus poderes te permitirán determinar la fecha exacta de mi muerte.
Sabedor que el malvado emperador acostumbraba a recompensar a los portadores de malas noticias con la horca, Nasrudín respondió:
—Tengo detalles importantes del día en que morirás, pero antes de comunicártelos debo tener tu palabra de que cualesquiera que sean esos detalles no dejarás caer tu cólera sobre mí.
—¡La tienes!
—Morirás el día de una celebración pública, ¡oh, cénit del poder! Habrá baile en la calle y festejos en cada ciudad y pueblo del imperio.
—¿Cómo puedes estar seguro, sabio?
—Porque el día en que caigas mal enfermo, el pueblo se alegrará y las celebraciones se prolongarán, sin duda, durante el resto de tus días y hasta después de ellos.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Nasrudin

La mentira

Su Majestad imperial, el sha-in-sha, ya cansado de sus pasatiempos habituales, levantó una enorme copa con joyas incrustadas y dijo:
—Quien sepa decir la mentira más escandalosa recibirá este trofeo como recompensa.
Pronto, el imam de la corte, un hombre de amplia circunferencia y traje resplandeciente, se levantó.
—¡Majestad! No puedo permitir que esta competición se celebre. Nunca pasó una mentira por mis labios, porque sé que la falsedad es un vicio malo y repugnante muy deplorado por Dios.
El rey sencillamente se rió y se dirigió a Nasrudín.
—Mullah, todos nosotros sabemos que eres un impostor, ¿por qué no comienzas tú?
—Oh, Majestad, me encantaría ganar ese brillante premio, pero, por desgracia, no tengo ninguna posibilidad.
—¿Te quieres explicar?
—¿Pues, cómo puedo competir con el imam? Sin duda él ha dicho una mentira infinitamente mayor de la que un simple aficionado como yo podría proponer.