viernes, 19 de septiembre de 2014

Nasrudin

El poder de los profetas

Nasrudin fue un día a ver al imam de la gran mezquita y afirmó:
—Yo puedo realizar las destrezas de los profetas y los santos. A mis requerimientos, ¡los árboles bajarán la ladera de la montaña, y los ríos alterarán su curso para venir a mí!
—¡Demuestra verdaderamente si estás bendecido con los poderes de un profeta para disponer que las piedras rueden hacia ti, o pagarás cara tu blasfemia!, vociferó el imam.
Nasrudín extendió sus brazos hacia la roca y le dijo que fuera hacia él, pero ésta no se movió. Frustrado el Mullah pisoteó el lugar donde aquella estaba.
—Dices que posees los poderes de los profetas, pero eres un fraude, gritó el imam. Prepárate a sufrir las consecuencias.
—Mis acciones son perfectamente admisibles para la ley islámica. ¿O acaso has olvidado que cuando la montaña no fue al profeta Mahoma, él fue a la montaña?, replicó Nasrudín.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Nasrudín

Honorarios profesionales

El alcalde estaba tratando de sujetar sus alforjas, pero cada vez que las colocaba, se caían hacia un lado.
—Nasrudín, dijo cuando el Mullah pasaba a su lado, tú que pretendes saberlo todo. ¿Cómo puedo resolver este problema?
Examinando la carga, Nasrudín vio que una de las bolsas estaba llena de arroz, mientras que la otra estaba vacía.
—Como científico, dijo, veo que las leyes de la física actúan contra ti.
Luego removió el arróz pero lo dividió en tres montones iguales. Puso un montón en cada bolsa y la carga quedó perfectamente equilibrada.
—Excelente, dijo el alcalde, pero ¿qué pasa con el tercer montón?
—Son mis honorarios profesionales, replicó Nasrudín.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Nasrudin

Pago en especie

Cierto día un erudito que iba de viaje llamó a la puerta de Nasrudín y le pidió un vaso de agua.
Respetuoso de la sagrada obligación oriental de proporcionar agua, el Mullah Nasrudin invitó al hombre a entrar. En cuanto cruzó el umbral, el intelectual empezó un monólogo de datos que duró varias horas. Durante ese tiempo, Nasrudín, cortésmente, sirvió agua, té, la cena y unos dulces. Finalmente, el invitado pareció dispuesto a marcharse.
—Si me das algo por mis palabras de sabiduría, seguiré mi camino.
—Desgraciadamente, no me queda nada que ofrecer. Regresa mañana y entonces tendré algo para ti, dijo el Mullah estupefacto.
La noche siguiente, volvió el erudito. Nasrudín le llevó directamente a la casa y le sentó.
Entonces el Mullah empezó a contar historias de sus propios viajes.
Después de muchas horas de escuchar, el muy agotado y hambriento invitado, dijo:
—¿Qué hay de mi pago? Dijiste que si volvía hoy me darías algo por la conversación de ayer.
—Ya te he pagado, contestó Nasrudín. Te he pagado en especie.

Nasrudin

Enviado por Dios

Nasrudin estaba sentado cercano al mar cuando una ola le barrió y se llevó sus sandalias.
—Esa ola ha sido enviada por Dios, dijo un infaltable entrometido.
—¡Dios, Dios!, dijo con rimbombancia Nasrudín. Le llevaría al tribunal por la pérdida de mis sandalias, pero probablemente el juez fallaría a su favor.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Nasrudin

Valentía real

El Mullah Nasrudin estaba sentado en el salón de té escuchando a un jactancioso joven.
—Un oso corrió hasta mí, pero le pegué un garrotazo en la cabeza. Un tigre saltó desde un árbol y lo derribé al suelo. Estalló un fuego en una casa vecina y me abrí camino luchando con las llamas y rescaté a los hijos pequeños del vecino. Un maremoto amenazaba con tragarse mi ciudad y contuve las aguas hasta que todo el mundo hubo escapado. Debo de ser el más valiente de todos los hombres.
—Realmente, contestó Nasrudín, el más valiente soy yo.
Los demás parroquianos de té quedaron desconcertados al escuchar al habitualmente humilde Mullah desafiando a aquel joven insensato.
—¿Por qué eres tan valiente?
—Porque no tengo miedo cuando los invitados vienen a mi hogar y no tengo ni un grano de arroz en la alacena, una hoja de té en el tarro ni una migaja de pan en el plato.

Nasrudin

Costillas duras

EL rey estaba de un humor terrible.
En cuanto el Mullah Nasrudín hizo un comentario irreverente, llamó a los guardias de palacio.
—¡Arrojad a este perro insignificante a los pies de mi elefante más grande!
—Oh, gran soberano del mundo, adujo el Mullah, harías mucho mejor arrojando al gran visir bajo las patas del animal, pues yo causaría tal dolor al elefante que tu ejército no podría ir a la batalla y tu reino se derrumbará.
—¿Cómo un insecto como tú va a causar dolor a mi noble elefante?
—Ciertamente estoy tan mal alimentado que todas mis costillas están afiladas como navajas de afeitar. Imagina lo que sucedería si una de ellas atravesara el pie del elefante. El gran visir, por el contrario, un hombre bien relleno, no es probable que lo hiriera.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Nasrudin

Deuda pagada

El Mullah Nasrudin fue a que le cortaran el pelo. Al salir se metió en el bolsillo la navaja de afeitar y se fue sin pagar.
—¡Oye!, le protestó el peluquero saliendo tras él. ¡Me debes el corte de pelo!
—No te preocupes, adujo el hombre de la silla siguiente. El Mullah es un hombre honorable. Te pagará.
Al día siguiente, Nasrudín volvió y dio una moneda al peluquero.
—Aquí está el dinero que te debo, dijo.
Cogiendo la moneda, el correcto peluquero se disculpó por dudar de la honradez del Mullah.
—Pero queda todavía el pequeño asunto de mi navaja, precisó.
—Desgraciadamente, contestó el inefable Nasrudín, tuve que venderla para pagarte mi deuda.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Nasrudin

Servidor y amo

El Mullah Nasrudin acababa de almacenar la cosecha anual de cereal en su granero cuando llegó el recaudador a exigir la parte del emir.
—Aquí debe de haber al menos cien sacos de grano, lo que significa que debes al palacio treinta sacos.
—Tonterías, respondió el Mullah contando los sacos. Hay solamente treinta sacos. Si te los llevas, mi familia morirá de hambre.
El oficial permaneció inflexible e indicó a sus secuaces que cargaran todo el contenido del granero en su carro. Desesperado, Nasrudín decidió seguir a su producción hasta el palacio y realizó una queja formal ante el emir.
—Majestad, comenzó, he venido a presentar una queja...
No estando de humor para protestas, el monarca silenció a Nasrudín con un ademán.
—Mullah Nasrudin, mírate a ti mismo: un hombre de seis pies de alto, quejándose todavía como un niño.
Al oír estas palabras, el Mullah dio las gracias al rey por su tiempo y pidió permiso para marcharse a su casa.
—¡Cómo!, le increpó el gobernante. ¿No vas a tratar de hacerme ver tus razones?
—¿Cómo podría hacerlo?, contestó Nasrudin. Si calculáis que mido seis pies de alto, es ya evidente que vuestro servidor, el recaudador, ha hecho sus cálculos sobre los de su amo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Nasrudin

Camellos y hombres

—Dime Nasrudin, le preguntó el vecino, ¿quién es más inteligente, el camello o el hombre?
—El camello, contestó el Mullah Nasrudin, porque lleva cargas pesadas sin quejarse, pero nunca pide una carga adicional. El hombre, por el contrario, atestado de responsabilidades, siempre quiere aumentar sus cargas.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Nasrudin

Burlando a las estrellas

Nasrudín se había hecho un nombre como adivino de la ciudad, pues sus predicciones se revelaban, en general, acertadas.
Un día, se acercó a él una anciana y le preguntó:
—¿Dónde está mi hijo mayor, Bedar, y cuál es su suerte?
—Vive en Bagdad, contestó el Mullah, y permanecerá allí con buena salud durante muchos años.
En ese momento, llegó a la ciudad una caravana de comerciantes.
—¿Vive aquí la madre de Bedar?, preguntó uno de los camelleros. Su nuera me ha pedido que le diga que Bedar ha muerto y que ella vive ahora en la India.
La multitud, enfurecida, se volvió contra Nasrudín.
—¡Eres un estafador!, vociferaron. ¡Tus predicciones son una farsa!
—Amigos, exclamó Nasrudín, no soy un estafador, sino un insensato.
Las constelaciones indican que Bedar disfruta de buena salud, pero
fui un insensato al leer la fortuna de un hombre que se burla de las estrellas.

Cancionero popular

cachivaches

por un poquito de amor
te doy toda mi fortuna
con dedos llenos de sol
las uñas llenas de luna

nací con un corazón
la mente vino sin cuna
la puta que la parió
como me jode y me abruma

estoy repleto de amor
los átomos son mi fortuna
no me pidas sinrazón
no me repitas la luna

de los caminos de ayer
no quiero nada ninguna
mi niño sueña que juega
sus ojos son mi estatura

cachivaches de dolor
cachivaches de ternura
nací con un corazón
la mente vino sin cuna

por un poquito de amor
te doy toda mi fortuna
mi niño sueña que juega
no me repitas la luna

domingo, 7 de septiembre de 2014

Nasrudin

Idiotas

El Mullah Nasrudín llevaba a su casa una colección de finas piezas de cristal cuando estas se le cayeron en plena calle. Todo quedó hecho añicos. Una multitud se aglomeró a su alrededor.
-¿Qué pasa con ustedes, idiotas, bramó el Mullah. ¿Es la primera vez que ven un tonto?

lunes, 25 de agosto de 2014

Nasrudin

Cuestión de tiempo, no de lugar

Un hombre llamó a la puerta con la intención de pedir prestada una soga.
—No puedo prestársela, dijo Nasrudín.
—¿Por qué no?
—Porque está en uso.
—Pero si la veo allí, tirada en el suelo.
—Es verdad; ese es su uso.
—¿Cuánto tiempo se utilizará de esa manera, Mullah?
—Hasta que tenga ganas de prestarla, dijo Nasrudín.

domingo, 24 de agosto de 2014

Gerhard Richter



Gerhard Richter