viernes, 21 de agosto de 2015

Nasrudin

Palabras repetidas

Durante muchos años, los habitantes del pueblo de Nasrudín habían estado agobiados por los elevados impuestos establecidos por el rey del desdichado país, un hombre sin escrúpulos. Los campesinos y los comerciantes estaban obligados a aportar un tercio de sus escasas ganancias a las arcas de palacio. El Mullah Nasrudín, entonces imam de la aldea, estaba tan enfadado por la pobreza y la desigualdad que había a su alrededor que dio un sermón en el que acusaba al monarca de chupar la sangre al pueblo.
Desgraciadamente, uno de los tantos espías del monarca escuchó sus observaciones y se fue a la corte a toda prisa. Poco después Nasrudín fue arrestado y llevado al palacio.
—He oído que te has atrevido a compararme con una sanguijuela, dijo el rey. Como sin duda sabes, los insultos dirigidos a la persona del rey son recompensados con la flagelación pública seguida de prisión.
—Majestad, replicó el Mullah, no te insultaba, simplemente repetía lo que la gente dice en todo el reino.

viernes, 7 de agosto de 2015

Nasrudin

Sin tiempo para afligirse

Cuando el burro del Mullah Nasrudín cayó enfermo, quejoso, rompió en lágrimas.
—¿Por qué lloras?, le preguntó su vecino. El pobre animal todavía está vivo.
—Pero si muere, tendré que enterrarlo, luego tendré que ahorrar para un nuevo burro, después tendré que ir a la subasta a comprar, y luego domar al sustituto. Ya ves, no tendré tiempo para afligirme.

viernes, 31 de julio de 2015

Nasrudin

Campesinos y reyes

Un día, el rey y su partida de caza entraron en una pequeña aldea. Muy excitados por la fortuita visita real, los habitantes se reunieron en la plaza principal para ver al monarca. Después de unos minutos, un campesino ofreció al rey un vaso de agua. El gobernante cogió el recipiente de la mano del hombre harapiento, se bebió el agua de un solo trago y ordenó continuar a su séquito.
—¡Qué triste es ver tan malos modales!, dijo Nasrudín cabalgando al lado del rey.
—Me sorprendes, Mullah, contestó el rey. Habitualmente defiendes al desvalido.
—Me refiero a vuestros modales, Majestad.
—Mis modales son impecables. ¿Desde cuándo un gran hombre como yo está obligado a agradecer a un campesino un vaso de agua?
—Desde el momento que, sin siervos como él, no habría ningún gran hombre como tú.

jueves, 23 de julio de 2015

Nasrudin

Digno del rey

—Nasrudín, preguntó el monarca, eres el tesorero de la corte. Dime, ¿cuánto vale tu soberano?
—Cien monedas de oro, Majestad.
—¡Cómo te atreves a pronunciar una cifra tan miserable! ¡Solamente mi espada ya vale eso!
—En efecto, Majestad; he calculado el valor de vuestra espada, sin la cual no seríais mi soberano.

martes, 14 de julio de 2015

Xue Mo





























domingo, 12 de julio de 2015

Nasrudin

¿Dónde duele?

Nasrudín estaba sustituyendo al almuecín cuando resbaló y cayó desde el minarete. Gravemente herido, gemía en el suelo.
—¿Dónde duele?, preguntó el médico, que se había abalanzado sobre el herido.
—Sube al minarete, tírate y podrás comprobarlo por ti mismo.

viernes, 10 de julio de 2015

Nasrudin

Los mensajeros del rey

Cuando el Mullah Nasrudín era mensajero de la corte, fue enviado a
la casa de un gobernador local. Viendo el andrajoso manto del Mullah
y su descuidada barba, el arrogante gobernador arrugó la nariz.
—¿Qué mensaje traes?
—¡Uno del propio rey!, anunció a son de trompeta Nasrudín. Quiere que asistas a un banquete en el palacio esta noche.
—Aceptaré con gusto la invitación, aunque sólo sea para comentarle en persona la pobre apariencia de sus mensajeros. ¿No hay ningún hombre presentable para llevar las invitaciones del rey?
—Sí, muchos, pero han sido enviados a numerosos dignatarios más importantes que tú.

lunes, 6 de julio de 2015

Vladimir Lyubarov