jueves, 18 de diciembre de 2014

Nasrudin

Piedras útiles

Nasrudín fue atacado por unos bandidos cuando se dirigía a la corte del rey. Fue robado, golpeado y dejado por muerto al lado del camino. Finalmente, recuperó la conciencia y se las arregló para volver como pudo a su casa. Unas semanas después, el Mullah visitaba de nuevo
el palacio. En el camino, se llenó los bolsillos de piedras.
Cuando el monarca se dirigía a los cortesanos, las piedras se cayeron ruidosamente del manto de Nasrudín. El rey interrumpió sus palabras:
—Nasrudín, ¿no crees que unos bolsillos repletos de piedras son una carga innecesaria?
—Majestad, respondió el Mullah Nasrudin, una piedra útil no es nunca una carga.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Nasrudin

Se busca imbécil

Nasrudín fue enviado por el rey a buscar al hombre más insensato del país para llevarlo al palacio como bufón. El Mullah viajó por todos los pueblos y ciudades, pero no pudo encontrar a un hombre lo bastante estúpido para desempeñar esa función. Finalmente, regresó solo.
—¿Has localizado al mayor idiota de nuestro reino?, preguntó el rey.
—Sí, respondió Nasrudín, pero está demasiado ocupado buscando imbéciles para ocupar el puesto.

martes, 16 de diciembre de 2014

Claudio Martinengo





































Nasrudin

El especulador

Nasrudín compró una gran cantidad de huevos e inmediatamente los vendió a un precio menor que el costo. Y cuando alguien le preguntó por qué había hecho eso, respondió:
—Usted no querrá que me llamen especulador, ¿no?

domingo, 14 de diciembre de 2014

Nasrudin

No transportable

—Te enseñaré metafísica, le dijo Nasrudín a un vecino en quien veía una chispa, aunque pequeña, de inteligencia.
—Me encantaría, respondió el hombre, ven a mi casa cuando quieras
y háblame de ello.
Nasrudín comprendió que su vecino tenía la idea que el conocimiento místico podía ser totalmente trasmitido por la palabra hablada, y no dijo nada. Días más tarde, desde la terraza de su casa, el susodicho le gritó al Mullah:
—Nasrudín, necesito tu ayuda para soplar el fuego; el carbón se está apagando.
—Desde luego, dijo Nasrudín; mi aliento está a tu entera disposición. Ven aquí y te daré tanto como puedas llevarte.