sábado, 28 de febrero de 2015

Nasrudin

Pudor

Fue durante la dominación inglesa en India. El Mullah Nasrudin tenía que trabajar para ganarse la vida y empujaba un carro de largas varas para llevar mercancías de un lugar al otro de la ciudad. Debido que las calles estaban tan llenas de gente, al Mulah no se le ocurrió otra cosa que ir pregonando: "¡Cuidado con sus culos! ¡Ábranse! ¡Aparten sus culos!", y cosas por el estilo, lo cual sentaba muy mal a los ingleses. Así que lo consultó con su amigo Wali que le dijo muy serio.
—Nasrudin, ¿no te das cuenta de que los ingleses son muy refinados y que tu lenguaje ofende su pudor victoriano?
El Mullah le escuchó en silencio y cambió de técnica. Al cabo de unos días se volvió a encontrar con Wali y le espetó:
—Wali, ¡eres un asno!
—¿Por qué?, le respondió su amigo.
—Porque, siguiendo tu consejo, cambié por una expresión más culta y no funcionó en absoluto. Casi me aporrearon.
—¿Qué les decías para que se apartaran?
—Pues algo muy culto: ¡Shakespeare!...¡Shakespeare! Parece que les molestó bastante. ¿Quién puede entender a los ingleses?

lunes, 9 de febrero de 2015

Nasrudin

Disturbio social

Tamerlán, el soberano del mundo, estaba molesto por los disturbios en un rincón lejano de su imperio. Le llegó la noticia de que en una de las ciudades de esa comarca, los campesinos se habían rebelado y habían asesinado al propietario opresor.
Tamerlán llamó a sus generales para que sofocaran inmediatamente la violencia.
—Llevad toda la infantería que necesitéis. Coged escaleras con las que trepar las murallas de la ciudad; y cañones para reducir el lugar a polvo; y elefantes y camellos para sobrecoger a todo hombre, mujer y niño.
—Has olvidado la única arma que podría calmar los disturbios mejor que el elemento más poderoso de tus fuerzas, musitó Nasrudín al oído del rey.
—¿Cuál es? Preguntó Tamerlán expectante.
—Un hombre sensible que escuche las quejas de los nativos y ocupe su puesto como señor.

viernes, 6 de febrero de 2015

Nasrudin

¿Cuál es la diferencia?

—Tengo una adivinanza para ti, le dijo un día el panadero al Mullah. ¿Cuál es la diferencia entre un pastor y un médico?
—Fácil, respondió Nasrudín. El pastor mata y luego esquila, mientras que el médico esquila y luego mata.

viernes, 30 de enero de 2015

Nasrudin

Ceguera nocturna

Nasrudín llamó al médico y se quejó de que todo lo veía con manchas negras. Cuando el médico hubo examinado al enfermo y extendió la prescripción, había caído la noche y pidió que le prestaran un farol. Unos días más tarde, encontró a Nasrudín y le preguntó por su vista.
—Por desgracia, dijo Nasrudín moviendo la cabeza, ahora sufro una ceguera nocturna total. Quizá sea porque todavía tienes mi lámpara.

miércoles, 21 de enero de 2015

Nasrudin

Arrogante

Un amigo de Nasrudín heredó algún dinero y se mudó a un palacete en el centro de la ciudad.
—Nunca me saludas por la calle estos días, le achajó Nasrudín cuando se encontraron. ¿Cómo puede ser que te hayas olvidado de tus viejas amistades?
—Muy al contrario, argumentó su amigo, me he acostumbrado tanto a pasear por mi balcón y a mirar hacia abajo con la esperanza de ver a alguien que conozca, que se me ha vuelto un hábito transitar con la cabeza baja. Por eso, no reconozco a los amigos cuando los encuentro en la calle.
Pocos días después, el Mullah, con la mirada hacia el cielo, pasó justo por delante del mismo amigo.
—Oye. ¿Te has vuelto tan arrogante que ya no saludas a un amigo en la calle?, le recriminó el amigo.
—Muy al contrario, le replicó el Mullah Nasrudín. Simplemente, me he acostumbrado tanto a que mis amigos se eleven sobre mí, que ya he empezado a caminar mirando hacia arriba, con la esperanza de poder verlos momentáneamente paseando por sus balcones.

domingo, 18 de enero de 2015

Nasrudín

¡Qué desperdicio!

Nasrudín pasó delante de un puesto colmado de tentadores alimentos. Cantidades de albaricoques y de higos; grandes tarros de pistachos, almendras y piñones; cestos llenos de huevos; cuencos de nata, queso y mantequilla; y multitud de bandejas de diferentes dulces. El Mullah observó como el dependiente esperaba a los clientes y rellenaba los cuencos, cestos y bandejas sin probar bocado de las mesas.
—¿Estás vigilando el puesto para el dueño?, preguntó.
—¿Qué quieres decir?, cuestionó el comerciante. Yo soy el dueño.
—¿Pero cómo es entonces que no comes?
—Estoy aquí para vender, no para comer.
—¡Qué desperdicio!, exclamó el Mullah Nasrudin. Si el puesto fuera mío, empezaría con nueces y frutos secos. Seguiría después con diez huevos revueltos. Y dulces de postre.

viernes, 16 de enero de 2015

Alan Feltus





































































jueves, 15 de enero de 2015

Nasrudin

Vida de ermitaño

Cuando Nasrudín estuvo en el exilio, vivió durante un tiempo como ermitaño. Un día Tamerlán, que se había separado de su partida de caza, descubrió la cabaña desvencijada del Mullah. Inmediatamente Nasrudín le ofreció al gobernante su cena, que consistía en culebra asada y agua sucia. Tamerlán, tan hambriento, aceptó la comida con gratitud. Cuando hubo comido hasta hartarse, se limpió la barba y se dirigió a su anfitrión.
—¿Mullah, cómo puedes justificarte haber caído tan bajo para tener que reemplazar las ricas ropas de cortesano por harapos como éstos, y espléndidos banquetes por culebra y un agua que apenas se puede beber?
—Es simple, contestó Nasrudin, aquí todo lo que miro es mío. No hay opresores como tú y no veo a ninguno de tus servidores, tales como
el verdugo, el torturador y el recaudador de impuestos.