domingo, 10 de diciembre de 2017

Nuestro pobre individualismo

Por Jorge Luis Borges

Las ilusiones de patriotismo no tienen término. En el primer siglo de nuestra era, Plutarco se burló de quienes declaran que la luna de Atenas es mejor que la luna de Corinto; Milton, en el siglo XVII notó que Dios tenía la costumbre de revelarse primero a Sus ingleses; Fitche, a principios del siglo XIX, declaró que tener carácter y ser alemán es, evidentemente, lo mismo. Aquí, los nacionalistas pululan; los mueve, según ellos, el atendible o inocente propósito de fomentar los mejores rasgos argentinos.

Ignoran, sin embargo, a los argentinos; en la polémica, prefieren definirlos en función de algún hecho externo; de los conquistadores españoles (digamos) o de una imaginaria tradición católica o del “Imperialismo Sajón”.

El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.

Hegel diciendo: “El Estado es la realidad de la idea moral” le parecen bromas siniestras. Los films elaborados en Hollywood repetidamente proponen a la admiración el caso de un hombre (generalmente, un periodista) que busca la amistad de un criminal para entregarlo después a la policía; el argentino, para quien la amistad es una pasión y la policía una mafia, siente que ese “héroe” es un incomprensible canalla (1).

Siente con Don Quijote que “Allá se lo haya cada uno con su pecado” y que “No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello”. Más de una vez, ante las vanas simetrías del estilo español, he sospechado que diferimos insalvablemente de España; esas dos líneas del Quijote han bastado para convencerme de error; son como el símbolo secreto y tranquilo de nuestra afinidad.

Profundamente lo confirma una noche de la literatura argentina: esa desesperada noche en la que un sargento de la policía rural gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra sus soldados, junto al desertor Martín Fierro.

El mundo, para el europeo, es un cosmos, en el que cada cual íntimamente corresponde a la función que ejerce; para el argentino, es un caos. El europeo y el americano del Norte juzgan que ha de ser bueno un libro que ha merecido un premio cualquiera, el argentino admite la posibilidad de que no sea malo, a pesar del premio. En general, el argentino descree de las circunstancias.

Puede ignorar la fábula de que la humanidad siempre incluye treinta y seis hombres justos -los Lamed Wufniks- que no se conocen entre ellos pero que secretamente sostienen el universo; si la oye, no le extrañará que esos beneméritos sean oscuros anónimos. Su héroe popular es el hombre solo que pelea con la partida, ya en acto (Fierro, Moreira, Hormiga Negra), ya en potencia (Segundo Sombra). Otras literaturas no registran hechos análogos.

Se dirá que los rasgos que señalo son meramente negativos o anárquicos; se añadirá que no son capaces de explicación política. Me atrevo a sugerir lo contrario.

El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha con ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes.

Sin esperanza y con nostalgia, pienso en la abstracta posibilidad de un partido que tuviera alguna afinidad con los argentinos; un partido que nos prometiera (digamos) un severo mínimo de gobierno.

El nacionalismo quiere embelesarnos con la visión de un Estado infinitamente poderoso; esa utopía, una vez lograda en la tierra, tendría la virtud providencial de hacer que todos anhelaran, y finalmente construyeran, su antítesis.

Buenos Aires, 1946

(1) El estado es impersonal: el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso

miércoles, 19 de abril de 2017

Nasrudin

La lista

La situación ya era desesperada. Nasrudin había sido mordido por un perro rabioso y los médicos no estaban seguros si se había empezado el tratamiento a tiempo, para salvarlo. Atribulados y después de una última consulta en la materia, ingresaron en la sala y le comunicaron la verdad: que podría desarrollar la hidrofobia y que sus posibilidades eran bastante malas.
En lugar de parecer molesto por la noticia, Nasrudin pidió un lápiz y papel y comenzó a escribir largo y tendido. Después de hora y media de escritura constante, su enfermera le preguntó:
—¿Qué escribes, Mullah? ¿Es tu voluntad o una carta a tu familia?
—No, dijo Nasrudin, es la lista de personas que voy a morder.

miércoles, 12 de abril de 2017

El sistema educativo finlandés



martes, 28 de marzo de 2017

Facundo Manes

El cerebro argentino

Una manera de pensar, dialogar y hacer un país mejor

   ...Corruptos apoltronados en un sistema corrupto generaron una vez más muertes inocentes, como todos los días generan heridas inocentes, hambres inocentes, desasosiegos inocentes.
   ...La corrupción no es excluyente de la especie humana (se han evidenciado conductas corruptas en chimpancés, abejas y hormigas). Entre los seres humanos tampoco es excluyente del poder político (aunque la hay) ni de los empresarios prebendarios (aunque la hay) sino también de la sociedad que a su medida, la ejerce o, al menos, tolera. Esto se ha estudiado desde la sociología y las ciencias políticas, desde la historia y el derecho. Es importante tener en cuenta que un comportamiento humano puede tener causas al mismo tiempo biológicas, psicológicas, culturales y sociales, las cuales interactúan para influír y no son necesariamente disyuntivas.
   ...Si lo relacionamos con la Argentina, este marco de crisis en el que parecemos estar inmersos permanentemente es una de las excusas sobresalientes, ya que priman las acciones de corto plazo y el individualismo. La crisis actúa como el bosque que tapa el árbol, es decir, el 'detalle' de la corrupción frente a la zozobra general. Pero no, la corrupción no es un detalle, es propulsora y protagonista de la crisis. La crisis es una coartada del corrupto.
   ...No es inevitable la corrupción ni los argentinos somos así fatalmente. Pero sin castigo, ejemplos y sanción social la corrupción puede convertirse en norma establecida. No hay excusas ni tiempos que la apañen. Tenemos que comprenderlo y ser mejores para nosotros y para nuestra comunidad. Debemos estar convencidos y convencer. Y para eso será bueno repetirlo en cada libro, en cada nota de un diario, en cada foro, en cada sobremesa: la corrupción es un crimen.

lunes, 20 de marzo de 2017

Guillermo Kuitca



































sábado, 18 de febrero de 2017

Mi Buenos Aires querido



domingo, 22 de enero de 2017

viernes, 20 de enero de 2017

Nasrudin

El padre del rey

EL rey entrevistaba a un centenar de candidatos a ocupar el puesto
de astrólogo de la corte. A cada uno de ellos le pidió que leyera su destino en las estrellas.
—¡Serás el mayor gobernante que el mundo ha conocido!, sentenció uno.
—Vivirás cien años, salmodió otro.
Cada hombre se esforzaba por dar una lectura más favorable que el anterior. Finalmente, le tocó a Nasrudín impresionar al monarca.
—Tus hijos y tu esposa tienen buena salud. Y tu padre vivirá hasta los noventa años, dijo el Mullah.
—¡Eso es imposible!, dijo el rey con un bufido. Mi padre murió hace años, a los cincuenta y cinco años.
—Las estrellas nunca mienten, insistió Nasrudín.
—¿Cómo te atreves?, dijo enfurecido el rey. ¡Te haré encarcelar por tu impertinencia!
—Pero Majestad, respondió el Mullah Nasrudín, ¿cómo puedes estar absolutamente seguro de la identidad de tu padre verdadero?
Nasrudín fue nombrado astrólogo de la corte.

martes, 10 de enero de 2017

sábado, 31 de diciembre de 2016

Nasrudin

Condiciones poco favorables

Cuando el imam visitó la nueva casa de Nasrudín, observó la exigua morada y señaló:
—Vives en condiciones muy pobres, es verdad, pero no desesperes. Los mansos son recompensados en la muerte, y tú irás a un lugar donde vivirás con un esplendor como no has conocido en este mundo.
—Todo eso está muy bien, contestó Nasrudín, pero ¿qué voy a hacer con una sepultura tan fastuosa?