martes, 25 de noviembre de 2014

Nasrudin

¿Empanadas o migajas?

Cierto día, el panadero envió a Nasrudín a palacio con una carga de empanadas recién hechas.
—¿Qué llevas ahí?, preguntó el desconfiado guardia hurgando en la carga con un palo.
—Si continúas hurgando, llevaré migajas, contestó el Mullah.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Nasrudin

Muy posible

El burro de Nasrudín se escapó de nuevo.
—¿Lo ha visto alguien esta vez?, preguntó a un grupo de aldeanos.
—Lo vi ayer presidiendo una causa criminal en la audiencia, dijo un
bromista.

—Es muy posible, afirmó Nasrudín. Siempre escuchaba con mucha atención cuando enseñaba leyes a mis alumnos.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Nasrudin

Una joven bonita

El Mullah Nasrudin se cruzó con una bella joven y se giró para mirar.
Su esposa haciendo un puchero le reprocha:
—¡Cada vez que ves una joven bonita te olvidas de que estás casado!
—Ahí es donde te equivocas, dijo pronto el Mullah, nada me hace más consciente del hecho.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Nasrudin

Sueños dolorosos

La esposa de Nasrudín se dirigió a él una mañana:
—La noche pasada soñé que cuando estaba preparando verduras para un estofado, se me iba el cuchillo y me cortaba el dedo.
—Habrías hecho mejor durmiendo con guantes, contestó el Mullah.

Nasrudin

Precocidad

De pequeño, Nasrudín, siempre estaba haciendo a su padre preguntas difíciles. Cierto día, su padre, desconcertado por su incapacidad para responder, perdió los estribos:
—¡Ya debieras saber que los niños precoces cuando crecen se vuelven completamente imbéciles!, le regañó.
—Padre, contestó el pequeño Nasrudín, nunca me dijiste que de niño fueras un genio.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Nasrudin

Ronquido infernal

Un amigo de Nasrudín le invitó a ir de vacaciones con otros hombres del pueblo.
Cada día, cazaban, luchaban, apostaban y celebraban la ausencia de sus esposas. Pero al tercer día, Nasrudín empezó a observar las frías miradas que sus compañeros le dirigían.
—¿Por qué me miran con esa antipatía?, preguntó finalmente.
—Porque pasamos toda la noche en vela por tus ronquidos infernales.
Cuando el Mullah oyó esto, empezó inmediatamente a empaquetar sus cosas.
—No es necesario que te marches a casa, dijeron sus amigos.
—Sí, lo es, contestó el Mullah. Llevo casado quince años y he dormido con mi esposa todo ese tiempo. Ni siquiera una vez se ha quejado la desdichada mujer.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Nasrudin

Ninguna consideración

El Mullah Nasrudín corrió una noche a su casa e impeló a su esposa:
—¡He invitado al juez y a su esposa a cenar y llegarán en cualquier momento! Vete a preparar, urgente, unas empanadas.
—No me tienes ninguna consideración, dijo refunfuñando su mujer. Me he pasado todo el día limpiando y estoy agotada. Y, de cualquier manera, nos queda poquísima harina.
—Entonces, haz empanadas muy pequeñas, replicó Nasrudín.

Nasrudin

La próxima vez

Una noche, un ladrón escaló la casa de Nasrudín y robó la manta de su cama.
—¿Y, qué esperas?, le cuestionó su mujer. Persigue al sinvergüenza y recupera la manta.
—Le agarraré cuando vuelva por la cama, dijo Nasrudín.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Nasrudin

La manta de la naturaleza

Un día y otro, Nasrudín se mantenía despierto por las lamentaciones de su mujer sobre su pereza.
—Oh, qué holgazán tengo por marido, lloriqueaba una noche. Desde que nos casamos he sido pobre, y gracias a ti moriré también pobre. Mi Dios, ni siquiera nos podemos permitir una manta decente con tus miserables ingresos.
El Mullah Nasrudín se levantó de un salto y salió corriendo al jardín. Dos minutos después, volvió con una manta llena de tierra.
—¿Se puede saber qué estás haciendo, metiendo barro en la casa en mitad de la noche?, dijo a gritos su esposa.
—La tierra, que es suficientemente virtuosa para cubrir a nuestros antepasados, es buena también para cubrirte a ti, replicó Nasrudín. No les he oído quejarse del frío desde que se echaron debajo de ella.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Nasrudin

Donde no hay gente

Un verano, cuando el Mullah Nasrudín estaba en la corte del emir, los habitantes de la ciudad estaban acosados por las moscas.
—¿No hay ningún lugar libre del zumbido de estos insectos infernales?, gritó el emir.
—Hay un lugar, Majestad, respondió Nasrudín, pero ese lugar no tiene gente.
—¿Y dónde está?
Pero Nasrudín, demasiado escueto, sólo dijo:
—Donde no hay gente, no hay moscas.
El rey estaba enfurecido por el rechazo del Mullah a decir más, pero decidió olvidarse del incidente por el momento. Unas semanas más tarde, el rey y su séquito salieron a visitar al gobernante de otro país. Cuando el sol caía, el décimo día, el emir ordenó a la caravana que se detuviera y se estableció un campamento en el desierto.
Después de la comida de la tarde, el emir solicitó a Nasrudín que se uniera a él para discutir de los asuntos del mundo. Mientras estaban hablando, una mosca se posó en la mano del emir.
—¡Mira!, exclamó. Dices que donde no hay gente no hay moscas. Pero aquí, en el desierto deshabitado, sigue habiendo moscas.
—¿Quieres decir, respondió Nasrudín, que tú no eres un hombre?

sábado, 15 de noviembre de 2014

Nasrudin

Una razón para caerse

Nasrudín avanzaba tranquilamente por el camino montado en su burro cuando de pronto éste corcoveó y lo hizo caer.
Un grupo de niños que jugaba por allí lo rodeó riendo a más no poder. Cuando dejaron de reír, Nasrudín se incorporó y acomodó su turbante con imperturbada dignidad y preguntó:
—¿De qué se ríen?
—¡Mullah, dijeron, riendo otra vez al recordarlo, fue un espectáculo maravilloso! Nos reíamos de su caída del burro.
—Ustedes no han tomado en cuenta, dijo Nasrudín, la posibilidad de que yo hubiera tenido una razón para caerme.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Nasrudin

¿Quien compró a quien?

El Mullah Nasrudín llevaba a casa a su nuevo burro desde el mercado. Justo fuera de la ciudad, le paró un amigo.
—¿Fuiste a la subasta de burros?
Poco más allá, otro amigo le preguntó:
—¿Qué precio pedían?
Unos metros más allá, un tercer hombre le paró.
—¿Regateaste?
Nasrudín estaba tan cansado de las preguntas que quitó la correa al burro, la ató a su propio cuello y siguió su camino.
—¿Finalmente compraste un burro nuevo?, curioseó un vecino
—En realidad, contestó el Mullah, el burro me compró a mí.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Nasrudin

¿Por qué pagar dos veces?

Nasrudin comió en un restaurante y dejó la cuenta sin pagar. El dueño salió detrás persiguiéndole:
—¡No puedes irte sin pagar!
—¿Compraste los ingredientes en el mercado?, preguntó el Mullah.
—Sí.
—Entonces la comida ya se ha pagado una vez. ¿Por qué pagarla dos veces?

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Nasrudin

Agarra al lobo

El Mullah Nasrudin y un discípulo fueron a una guarida para capturar a un lobezno. Nasrudin entró primero y se encontró con un lobo adulto, feroz, que le atacó. Hubo una terrible pelea. En medio del combate, el discípulo exclamó:
—¡Deja de dar patadas de ese modo, estoy medio cubierto de tierra!
—¡Y si dejo de hacer lo que estoy haciendo, tu otra mitad también lo estará!, gritó jadeante el Mullah.

martes, 11 de noviembre de 2014

Nasrudin

A quién respetar

—Dime, Nasrudín, preguntó el alcalde, ¿quiénes son los hombres a los que respetas más?
—Quienes me invitan a que me una a ellos en una mesa rebosante de manjares exquisitos, respondió el Mullah.
—¡Tienes que venir a cenar!, dijo sonriendo el alcalde.
—Entonces, desde esta noche, tú tendrás mi respeto, dijo Nasrudín.

Nasrudin

La casa de Dios

El hijo de Nasrudin le preguntó un día:
—Padre, ¿dónde vive Dios?
—¿Cómo puedo saberlo?, contestó el Mullah, nunca me ha invitado a visitarle.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Nasrudin

Mujeres de países lejanos

En cierta ocasión, llegó un general a la ciudad de Nasrudín a reclutar hombres para el ejército.
—Todo aquel soldado que sirva a nuestro poderoso emperador puede llevarse a las mujeres de nuestros enemigos. Verán, hay un país, por ejemplo, en el que las doncellas tienen trenzas de cabello negro como el azabache que les llegan hasta los tobillos.
—¿Cómo son de largas sus piernas?, preguntó Nasrudin.
—Sus piernas son tan largas como su hermosa cabellera, fanfarroneó el militar.
—Espero que a cada hombre de tu imperial ejército le hayan dado una escalera, dijo el Mullah.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Nasrudin

Hombres dignos

En uno de sus viajes, unos guardias de palacio encontraron a Nasrudín en el mercado y le comunicaron que fuera a la corte. Al llegar al salón del trono, se le indicó que se uniera a un grupo de pobres para oír los sermones religiosos de los hombres más venerados de la ciudad.
Solemnemente uno tras otro, los notables, cada uno vestido con galas más relucientes que el anterior se dirigieron al asombrado auditorio.
Sus sermones, plagados de sentimientos espirituales concebidos para elevar incluso a las almas más escépticas, duraron bastante tiempo. Cuando cayó la noche, el rey se levantó.
—Tú, dijo señalando al Mullah Nasrudín, dinos: ¿cuál de estos líderes espirituales es más digno de nuestra emulación?
—Ciertamente aquel que viendo que un pobre no tiene bastante para comer o vestirse, respondió Nasrudín, no ofrece la salvación por unos honorarios.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Nasrudin

Digno de nata

La esposa de Nasrudín envió a su hijo menor a comprar leche. Al ver al pequeño corriendo con su lechera, el emir decidió divertirse:
—¿A dónde vas con tanta prisa?, le dijo.
—A comprar leche, respondió el muchacho.
—¿Por qué compras lo que puedes tener gratis? Alcanza la lechera a los guardias y yo mismo te la llenaré.
El emir le llenó la lechera con agua sucia y mandó al chico de nuevo a su casa.
Cuando Nasrudín se enteró de la broma del emir, decidió vengarse.
Unos días más tarde, oyó que el gobernante sufría de jaqueca, sacó un cubo de excrementos y corrió al palacio.
—Gran emir, dijo al hombre quejumbroso, tengo aquí una cataplasma que, aplicada al cuero cabelludo tres veces al día, hace desaparecer incluso el dolor más severo.
El emir estaba muy feliz de aplicarse la pasta. Pero, al tercer día, no podía ya soportar la peste y llamó a Nasrudín.
—¿De qué está hecho este remedio infernal?
—Normalmente se hace de leche, respondió Nasrudín, pero consideré que vuestra excelencia es digno de nata.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Nasrudin

Tú lo perdiste, tú lo encuentras

Nasrudin estaba cortando leña en el bosque. Como tenía mucho calor, se quitó el manto y lo colocó en el lomo de su burro. Luego regresó a cortar leña. En ese momento un furtivo ladrón le sustrajo su manto. Cuando tuvo bastantes troncos, el Mullah empezó a cargar la leña en el burro y se dio cuenta de que su manto había desaparecido. Dando una palmada al animal en la grupa, vociferó:
—¡Tonto descuidado! ¡Vete ya a buscar el manto que perdiste y no te atrevas a volver sin él!

jueves, 6 de noviembre de 2014

Nasrudin

Una olla de hierbas

El Mullah Nasrudín dio vueltas toda la noche, atribulado por una vívida pesadilla. En el sueño, se vio cocinando una olla de hierbas sobre una fogata. A la mañana siguiente, describió la escena a su esposa.
—Eso parece un presagio de alguna clase, dijo ella. Deberías buscar a alguien que te explique su significado.
Nasrudín fue corriendo a ver a la adivina, a quien contó con detalle la pesadilla.
—Haces bien al solicitar mi ayuda, respondió la arpía. Llena mi mano de plata y te lo explicaré todo.
—¡Si tuviera plata, dijo bruscamente el Mullah, podría permitirme una comida decente y no me vería obligado a cocinar hierbas!

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Nasrudin

Sabia inversión

—Ya soy lo bastante mayor para que se me confíen responsabilidades de adulto, dijo el joven Nasrudín a su padre.
—Si eres bastante mayor para que se confíe en ti, lleva a arreglar los pendientes de tu madre.
Nasrudín se dirigió directamente al bazar y los vendió, embolsándose el dinero.
—Dice el joyero que le llevará unos días arreglar los pendientes, dijo
a su padre.

Tan complacido por la naturaleza aparentemente digna de confianza del joven, el padre de Nasrudín le dio por adelantado la paga de tres semanas:
—Coge este dinero e inviértelo sabiamente.
Nasrudín se fue corriendo a la confitería más cercana y se gastó todo el dinero en golosinas, que consumió rápidamente.
Tres semanas después, su padre le preguntó cómo había invertido el dinero.
—Me alegra que me lo preguntes, respondió Nasrudín. Había pensado invertirlo en plata, pero me siento aliviado al decir que en vez de ello compré chocolate.
—¡Desgraciado! Y pensar que creí que eras una persona responsable.
—Padre, si lo hubiera invertido en plata, ¿quién me podría asegurar que no se iba a derretir al sol y consumirse como los pendientes de mamá?

martes, 4 de noviembre de 2014

Nasrudin

Identidad equivocada

El Mullah Nasrudin estaba muy enfermo y todo el mundo pensaba que moriría. Su mujer ya vestía de luto y no dejaba de sollozar y gemir.
Nasrudin fue el único que no se inmutó.
—Mullah, le preguntó uno de sus discípulos, ¿cómo puedes enfrentarte a la muerte con tanta calma, e inclusive reírte a veces, mientras que nosotros, que no vamos a morirnos, estamos agobiados con la idea de que puedes dejarnos?
—Es sencillo, dijo Nasrudin. Postrado aquí, mirándolos, me digo a mí mismo: "tienen todos tan mal aspecto, que seguro que el ángel de la muerte confundirá a cualquiera de ellos con su presa cuando venga de visita, y dejará aquí al viejo Nasrudin un rato más".