miércoles 11 de noviembre de 2009

domingo 1 de noviembre de 2009

Los dos loros

El Mullah Nasrudín abrió una tienda donde su única mercancía eran dos loros encerrados en la misma jaula. Uno tenía un plumaje espectacular lleno de vivos y relucientes colores y además cantaba maravillosamente, mientras que el otro estaba en un estado calamitoso y permanecía mudo. El primero estaba valorado en cincuenta monedas de oro y el segundo en ¡tres mil!
Un hombre que pasaba por delante de la tienda, atraído por los trinos del loro cantor, penetró en el recinto. Lo primero que observó fue a Nasrudín, que dormitaba plácidamente arrullado por la melodía incansable de aquel pájaro maravilloso. Lo segundo que le llamó la atención fue la diferencia de precio que había entre aquellas dos aves. Despertó con suavidad a Nasrudín y le dijo:
— Disculpad mi atrevimiento. Desearía compraros ese magnífico loro cuyo canto no deja de asombrarme. Aquí tenéis las cincuenta monedas de oro, ¡contadlas por favor!
— Imposible, no puedo vender los dos pájaros por separado —le respondió Nasrudín.
— ¿Pero, por qué?
— Se morirían de pena si los separase.
— Bien —dijo el comprador —. Pero, ¿cómo explica usted una diferencia en el precio tan exagerada? Pues el más feo cuesta infinitamente más que el más bello y, además ¡no canta!
— No se equivoque usted, mi señor. ¡El loro que usted encuentra feo y deplorable es el compositor!

lunes 19 de octubre de 2009

No sé qué lado creer

En cierta ocasión, Nasrudin alquilaba asnos, y un cliente que había montado uno retrocedió ante el estruendoso rebuzno del animal.
-Despreocúpese, no tema - lo tranquilizó Nasrudin - por la forma en que lo ha recibido, puede darse cuenta de que es muy sociable.
El hombre manoteó y dijo algunas palabras subidas de tono.
El Mullah Nasrudin respondió:
- No sé qué lado creer. Los dos tienen una razón que defender.
¡Salta, Mullah, salta!

La casa del Mullah Nasrudin estaba ardiendo, de manera que él subió corriendo al tejado para ponerse a salvo.
Y allí estaba, en tan difícil situación, cuando sus amigos se reunieron en la calle extendiendo con sus manos una manta y gritándole:
"¡Salta, Mullah, salta!"
"¡Ni hablar! ¡No pienso hacerlo!", dijo el Mullah.
"Os conozco de sobra, y sé que, si salto, retiraréis la manta y me dejaréis en ridículo!"
"¡No seas estúpido, qué te pasa Mullah! ¡Esto no es ninguna broma!
¡Va en serio: salta!"
"¡No!", replicó Nasrudin. "¡No confío en ninguno de vosotros!
¡Dejad la manta en el suelo y saltaré!".
En deuda

El asno de Nasrudin se había quedado muy delgado y debilitado.
Un aldeano le preguntó: "por qué no das a ese pobre animal de comer algo de cebada para que mejore".
El Mullah contestó: "Su ración de cada noche son dos fanegas de cebada"
"Entonces, ¿por qué está tan delgado?" preguntó el aldeano.
"Porque hasta la fecha, le debo un mes de cebada", respondió Nasrudin.
El tejado y su mujer

Una noche cálida de verano el Mullah y su mujer pensaron en irse a dormir al tejado, como solían hacer a veces, ya que era más fresco.
Empezaron a tratar un tema que los llevaría a discutir y pelearse, haciendo que Nasrudin se resbalara de repente, cayera del tejado
y aterrizara en el jardín.
Los vecinos que lo oyeron caer, corrieron a ver qué le había pasado.
El Mullah Nasrudin estaba inconsciente, por lo que le ayudaron a reanimarse y a continuación le preguntaron que cómo se había caído.
Respondió: “¿Quieres saber cómo? ¡Sube al tejado y discute con mi mujer!”
Precavido

El Mullah Nasrudin estaba enseñando a su hijo a ser un buen bebedor. Después de algunas copas Nasrudin dice a su hijo: “Ahora vámonos.
Recuerda siempre, esta es la regla para parar: cuando empieces a ver que una persona parezca dos, vete a casa; es suficiente”.
“Que una persona parezca dos. ¿Dónde? ¿Dónde está esa persona?”, preguntó el hijo.
El Mullah le replica: “Mira, hay dos personas sentadas en esa mesa”.
Y el hijo respondió: “¡Pero si no hay nadie!”.
Precedentes

Un aldeano fue a ver al Mullah Nasrudin y le dijo:
-Tu toro ha corneado a mi vaca. ¿Tengo derecho a una compensación?
-No- repuso inmediatamente el Mullah-; el toro no es responsable de sus acciones.-
Lo siento- dijo el astuto aldeano-, pero te lo he contado al revés:
Tu vaca fue corneada por mi toro. Así que la situación es la misma.
-¡Oh, no!- replicó Nasrudín-. Creo que tendré que consultar mis libros de leyes para ver si existe un precedente de este caso.

domingo 18 de octubre de 2009

El precio de la halva

Un día Nasrudin fue con su hijo a la tienda de halva, donde pide el dulce y se lo entrega a su hijo para que lo lleve pronto a casa.
Una vez que el hijo desapareciera del lugar, se vuelve al dueño y le pregunta: “¿Qué pasaría si alguien no tiene dinero para pagarte?”
El dueño responde: “Lo sacaría a patadas de la tienda”
Entonces sácame a patadas, le dice Nasrudin, pues no tengo dinero para pagarte la halva que he envíado a casa.
El dueño lo cumplimentó, y con varios puntapies, intentando sacarlo de la tienda. Mientras, Nasrudin le repetía: “¡Me puedo llevar más halva a este precio!”
La ayuda de Nasrudin en un parto

La mujer del Mullah Nasrudin estaba con las contracciones del parto, y después de mucho y tanto tiempo de sufrimiento, el niño aún no había nacido.
Los parientes, preocupados por la mujer, se acercaron a Nasrudin a preguntarle que debían hacer.
El Mullah pensó un instante y dijo: “Esperen un momento, yo sé qué es lo que hay que hacer”.
Entonces salió destino a su casa. Al volver, traía varios juguetes.
Se los entregó a las mujeres diciendo: “Colocad estos juguetes debajo de mi mujer. El niño saldrá a jugar en cuanto los vea.”.
La vaca

El Mullah Nasrudin caminaba por el campo con otras personas, que,
al oír mugir una vaca le dijeron:
“Mullah, la vaca te llama. Anda, vé a ver que quiere.”
Nasrudin se acercó a la vaca y volvió minutos después diciendo:
“La vaca quiere saber por qué voy acompañado de tantos zopencos.”

viernes 16 de octubre de 2009

Ambición

Nasrudin había solicitado empleo en una tienda de departamentos, y el jefe de personal le estaba interrogando para darse cuenta de su capacidad.
-Aquí queremos a personas con ambición – le dijo - ¿Qué clase de puesto es el que usted desea obtener?
-¿Le parece bien – dijo Nasrudin – que pida su puesto?
-¿Está usted loco?
-Bien podría ser que lo estuviese,- dijo el Mullah – Pero ¿es ese un requisito indispensable?

Albert Einstein

"La emoción más sutil de la que somos capaces es la emoción mística. Aquí yace el germen de todo arte y ciencia verdadera. A todo aquel a quién este sentimiento le sea extraño, que no sea capaz de asombrarse y viva en un estado de miedo es un hombre muerto. Saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe y se manifiesta como la más alta sabiduría y la belleza más hermosa y que sólo sus formas más groseras son inteligibles para nuestras pobres facultades -- este conocimiento, este sentimiento... este es el núcleo del verdadero sentimiento religioso. En este sentido, y sólo en este sentido, me considero un hombre profundamente religioso."

miércoles 14 de octubre de 2009

Mi mujer habla dormida

-¡Doctor, tengo un problema terrible!
-¿Ah, sí? ¿Qué le sucede?
-Mi mujer habla dormida, toda la noche. Ya no se qué hacer.
-Será fácil: tráigame a su mujer para que yo la cure.
-Pero no, doctor. No quiero que usted cure a mi mujer. Quiero que me cure a mí. Cada noche ella dice cosas sublimes, pero yo desgraciadamente acabo durmiéndome. Deme un remedio para quedarme despierto la noche entera, escuchándola.

sábado 3 de octubre de 2009

No revuelvas demasiado

Nasrudín, necesitado de dinero, decidió fabricar yogurt y venderlo.
Debido a su inexperiencia, muy poco alimento resultó utilizable.
Tomó entonces un jarro, lo llenó de barro y colocó encima una capa delgada de yogurt.
Luego, se dirigió al mercado y se lo ofreció a un amigo que tenía un almacén.
Este, antes de pagarle, optó por probar la mercadería: tomó una cuchara, revolvió el yogurt y al instante el barro salió a relucir.
— ¡Pero Nasrudín! —exclamó el comerciante sorprendido—. Debajo de esta fina capa de delicioso yogurt hay un barro infecto.
— Es habitual —dijo el Mullah—, siempre que se revuelve algo delicioso por arriba puede encontrarse una sorpresa desagradable por abajo.

viernes 25 de septiembre de 2009

Las babuchas y el manto

"Una noche, Nasrudín estaba dando un paseo cuando tropezó con un hombre bebido, tumbado en la hierba. Al ponerlo boca arriba, reconoció al borracho, que no era otro que el juez, hombre famoso por pronunciar duras sentencias por faltas morales. Al ver que estaba inconsciente, Nasrudín le quitó sus elegantes babuchas y el manto y siguió su camino.
Fue sólo cuando el juez volvió a su casa, dando traspiés, al día siguiente, cuando se dio cuenta de que le habían robado.
Lívido, dijo a la policía que buscaran en cada casa hasta que encontraran al culpable.
No pasó mucho tiempo antes de que Nasrudín fuera llevado al tribunal.
- ¿Dónde conseguiste esas babuchas y ese manto? – preguntó el juez.
- Se los cogí a un borracho que encontré tumbado en la cuneta la noche pasada-contestó el Mullah-. Desde entonces estoy tratando de devolvérselos, pero no conozco su identidad.
¿No le conocerá Su Señoría por casualidad?
- ¡Por supuesto que no! – replicó el juez, comprendiendo que cualquier otra respuesta hubiera arruinado su reputación."

jueves 17 de septiembre de 2009

El pescador y la botella mágica

"Un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con el tapón de plomo. Parecía muy antigua. Al abrirla salió de repente un genio maravilloso que una vez liberado le dijo al pescador:
-Te concedo tres deseos por haberme sacado de mi encierro. ¿Cuál es tu primer deseo?
-Me gustaría que me hicieras lo bastante inteligente y claro como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos -dijo el pescador.
-Hecho -dijo el genio-, y ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?
El pescador reflexionó un momento y dijo:
-Muchas gracias, no tengo más deseos."

Canto del arpista

(El Canto del arpista es un poema egipcio datado en el siglo XXVI a. C., a finales del Primer periodo intermedio. Se ha conservado en la capilla funeraria del faraón Intef (siglo XVI a. C.), y recibe su nombre por estar escrito junto a la imagen de un arpista.)


"Generaciones y más generaciones desaparecen y se van,
otras se quedan, y esto dura desde los tiempos de los Antepasados,
de los dioses que existieron antes
y reposan en sus pirámides.

Nobles y gentes ilustres
están enterrados en sus tumbas.
Construyeron casas cuyo lugar ya no existe.
¿Qué ha sido de ellos?

He oído sentencias
de Imutes y Hordyedef,
que se citan como proverbios
y que duran más que todo.

¿Dónde están sus moradas?
Sus muros han caído;
sus lugares ya no existen,
como si nunca hubieran sido.

Nadie viene de allá para decir lo que es de ellos,
para decir qué necesitan,
para sosegar nuestro corazón hasta que abordemos
al lugar donde se fueron.

Por eso, tranquiliza tu corazón.
¡Que te sea útil el olvido!
Sigue a tu corazón
mientras vives.

Ponte olíbano en la cabeza.
Vístete de lino fino.
Úngete con la verdadera maravilla
del sacrificio divino.
Acrecienta tu bienestar,
para que su corazón no se desmaye.
Sigue a tu corazón y haz lo que sea bueno para ti.
Despacha tus asuntos en este mundo.

No canses a tu corazón,
hasta el día en que se eleve el lamento funerario por ti.
Aquel que tiene el corazón cansado no oye su llamada.
Su llamada no ha salvado a nadie de la tumba.

Hazte por tanto el día dichoso,
y no te canses nunca de esto.
¿Ves?, nadie se ha llevado sus bienes consigo.
¿Ves?, ninguno de los que se fueron ha vuelto."

martes 8 de septiembre de 2009

El vidente

Nasrudín subió a un árbol para aserrar una rama. Alguien que pasaba al ver cómo lo estaba haciendo le avisó: “¡Cuidado! Está mal sentado, en la punta de la rama... Se irá para abajo con ella”.
-¿Piensa que soy un necio que deba creerlo?, ¿o es usted un vidente que puede predecir mi futuro?, Preguntó el Mullah
Sin embargo poco después la rama cedió y Nasrudín terminó en el suelo. Entonces corrió tras el otro hombre hasta alcanzarlo: “Su predicción se ha cumplido” , Ahora dígame: ¿Cómo moriré?.
Por más que el hombre insistió no pudo disuadir a Nasrudín de que no era un vidente. Por fin, ya exasperado le gritó: “por mí podrías morirte ahora mismo”.
Apenas oyó estas palabras, el Mullah cayó al piso y se quedó inmóvil. Cuando lo encontraron sus vecinos lo depositaron en un féretro. Mientras marchaban hacia el cementerio, empezaron a discutir acerca de cuál era el camino más corto. Nasrudín perdió la paciencia y, asomando la cabeza fuera del ataúd, dijo: “Cuando estaba vivo solía tomar por la izquierda; es el camino más rápido”
La Verdad Revelada

El Mullah Nasrudín un día convocó a la plaza del pueblo a "todos quienes les interesase conocer la Verdad Revelada para acceder al Paraíso".
El día de la esperada convocatoria, Nasrudín consiguió abrirse paso entre la multitudinaria asistencia que rebosaba la plaza.
Como pudo, ayudándose de dos parroquianos, logró hacerse ver de los demás y pidió atención. Luego preguntó :
- Hay entre vosotros alguno que conozca la Verdad Revelada para acceder al Paraíso?
Como sólo hubiese silencio como respuesta, el Mullah agregó :
- Entonces permaneced atentos, que si encuentro a tal hombre, os lo avisaré de inmediato.

Mario Benedetti

Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

sábado 5 de septiembre de 2009

Mario Benedetti

¿Qué les queda a los jóvenes?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿Sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
También les queda no decir amén,
no dejar que les maten el amor,
recuperar el habla y la utopía,
ser jóvenes sin prisa y con memoria,
situarse en una historia que es la suya,
no convertirse en viejos prematuros.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿Cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
Les queda respirar, abrir los ojos,
descubrir las raíces del horror,
inventar paz, así sea a ponchazos,
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos,
y con el sentimiento y con la muerte,
esa loca de atar y desatar.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿Vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
También les queda discutir con Dios,
tanto si existe como si no existe,
tender manos que ayudan, abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno.

Sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines del pasado
y los sabios granujas del presente.

martes 1 de septiembre de 2009

Cuatro cazadores

Un día, cuatro cazadores entraron a caballo en la aldea de Nasrudín.
Llamando a la puerta del Mullah, pidieron agua.
De acuerdo con las leyes de la hospitalidad, Nasrudín les invitó a que entraran y pidió a su esposa que trajera no sólo agua, sino también un plato de estofado y arroz.
Cuando los huéspedes habían comido hasta hartarse y se preparaban a partir, su anfitrión colocó un frasco en la mano de cada hombre.
-Llevad este otro refresco con vosotros e id en paz.
Tres de los jinetes le dieron las gracias calurosamente por el agua, pero el cuarto pidió otro frasco.
-¡Oh rey del mundo! – dijo con voz quejumbrosa Nasrudin - ¡No tenía la menor idea de que fueses tú!.
- Es porque voy disfrazado – contestó el sorprendido gobernante -.
-Pero dime, ¿cómo es que me has reconocido?.
-Tu sed por el agua es tan grande como tu sed de poder – replicó el Mullah.

sábado 29 de agosto de 2009

"¡Fuego, fuego!"

El Mulah Nasrudín se cayó a un pozo negro y no podía salir.
Se puso a gritar: "¡Fuego, fuego!"
Al cabo de un rato aparecieron los bomberos.
-¡Aquí no hay ningún fuego!-exclamó el jefe de los bomberos.
-¿Por qué ha gritado "fuego"?
-¿Y que quería que gritase?-¿Mierda?
El ojo falso y el verdadero

El Mullah Nasrudin supo de un hombre muy rico y fue a verle.
Deseaba algún donativo para un orfanato que dirigía.
El rico le dijo: "De acuerdo, te daré algo, pero has de cumplir con una condición; que nunca nadie la ha cumplimentado. Observa mis ojos. Uno es auténtico y el otro, falso. Si eres capaz de decir exactamente cuál es el falso y cuál es el verdadero, te daré el donativo”.
Nasrudin le miró a los ojos y le dijo, “El ojo izquierdo es el auténtico y el ojo derecho es el falso”.
Sorprendido, el rico le pregunta, “Pero ¿cómo lo adivinaste?”.
El Mullah contestó: "Pues porque en el ojo izquierdo he visto algo de compasión. Por esto ha de ser falso".
La herencia

Había dejado tres hijos hérfanos. Les había encargado que se repartieran la herencia, que consistía en 17 camellos.
Se establecía las condiciones del reparto: la mitad de los camellos serían para su hijo mayor Tarif; la tercera parte, para el mediano Barag; la novena parte para el más pequeño Muley.
Enseguida se les presentó un problema a los hijos porque, al empezar la división de la herencia, se dieron cuenta que la mitad de los 17 camellos eran ocho animales y medio.
Después de mucho pensar decidieron consultar a Nasrudín, famoso por su sabiduría, que tras meditar un rato les dijo:
-"Tomad mi camella Abbú, que es la mejor de mi rebaño. Os la doy a condición de que una vez hecho el reparto me la devolváis.
Pero... ¡Ojo!. Que si aquél a quien le tocara en el reparto se negara a ello, entonces los diecisiete camellos pasarán a mi propiedad".
Sabiendo Tarif y Barag que, por elegir ellos primero, no tenían más que dejar en el último lote a la camella prestada, con lo cual sería el hermano pequeño quien tendría que devolverla, aceptaron el trato.
Con 18 animales los hermanos procedieron de nuevo a la división. Tomó Tarif, el mayor, su mitad, es decir nueve camellos, dejando el resto en la corrala, y entre los que dejó, a la camella Abbú.
Fue Barag después y tomó su tercera parte del total, es decir seis camellos, y dejó así mismo el resto, y entre ellos la camella prestada, en la corrala. Fue entonces el pequeño Muley y retiró su novena parte del total, es decir los dos camellos que le correspondían.
Comprobaron entonces los tres hermanos con asombro, que habiendo tomado todos ellos los camellos que les correspondían, les sobraba un animal en el corral, que no era otro que la camella Abbú, la cual, tal y como habían acordado devolvieron a Nasrudín.
Y los tres hermanos marcharon muy contentos y cantando grandes alabanzas de la sabiduría del Mullah.
Cielo o infierno

Un grupo de comerciantes discutía sobre la muerte del censurable alcalde de la ciudad.
-Nunca hemos tenido un alcalde tan corrupto y codicioso -dijo uno-. Si un hombre de su calaña ha entrado en el Paraíso, juro que me divorciaré de mi joven y hermosa mujer y haré vida de ermitaño en el desierto.
-Pero Dios actúa de forma misteriosa -intervino otro-. Quizá el alcalde se ha arrepentido a tiempo y Dios, que es misericordioso, lo ha aceptado en el Paraíso.
-Nasrudín -dijo un tercero-, tú que afirmas tener respuestas para todo... El alcalde dónde ha ido, ¿al cielo o al infierno?
Tras unos breves momentos de reflexión, el Mullah respondió.
-Ningún hombre puede saber cómo toma el Todopoderoso estas decisiones. Quizá el alcalde está sentado en el Paraíso mientras nosotros hablamos.
Los comerciantes asintieron y miraron con expectación al que había prometido abandonar la ciudad.
-Pero -continuó Nasrudín-, si Dios es lo bastante magnánimo para perdonar al alcalde por las atrocidades que cometió mientras vivía, sin duda disculpará igualmente una pequeña promesa precipitada aquí por nuestro amigo y le permitirá permanecer con su reciente, joven y hermosa mujer.
La esposa preocupada

En cierta ocasión la esposa del Mullah Nasrudin, fue a ver una especialista en lectura de tarot, y regresó a su casa muy alterada.
-Cualquier cosa acerca del futuro preocupa. Por eso –dijo ella-
es mejor no saber el porvenir, ya que cuando se conoce algo a ciencia cierta, de pronto cambia el presente y surgen muchas preocupaciones.
Por ejemplo, si llegara a saber que me voy a divorciar algún día, o
que mis hijos se van a enfermar de muerte dentro de algunos años, me preocupa terriblemente y eso impide vivir el presente.
Viéndola Nasrudin un tanto alterada, le pidió que le comentara un poco más de lo que le estaba sucediendo.
-He estado con una lectora de cartas del tarot, una mujer muy buena, y está bien, pero me ha dicho algunas cosas y estoy muy preocupada –aclaró ella.
-No te preocupes –dijo el Mullah Nasrudin-. Entiende que nada es seguro en la vida, así que esa mujer no puede acertar ninguna predicción acerca de lo que pueda suceder más adelante.
Más aún te aclaro esto: sólo los tontos están seguros de algo.
-¿De verdad crees lo que dices? –pregunta insistente la esposa-.
¿Estás realmente seguro de eso?
-Por supuesto que sí. Estoy absolutamente seguro, aunque sólo los tontos estén seguros de algo.