domingo, 21 de junio de 2009

Akhenatón

Himno al Sol

Bello es tu aparecer en el horizonte del cielo
¡Oh, Atón vivo, principio de la vida!
Cuando tú te alzas por el oriente lejano,
llenas todos los países con tu belleza.
Grande y brillante te ven todos en las alturas;
tus rayos abarcan toda tu creación,
porque eres Re, y por ello lo alcanzas todo,
y dominas todas las tierras para tu amado hijo.
Aunque estás lejano, tus rayos llegan a la tierra;
aunque bañas los rostros, nadie conoce tus designios.

Cuando te ocultas por el horizonte occidental,
la Tierra se oscurece, como si muriese.
Duermen las criaturas sin ver nada en torno,
como si les hubiesen tapado la cabeza.
Todos los bienes que tienen alrededor
podrían robarse, sin que nadie lo advirtiese.
Es cuando salen los leones de su guarida
y cuando pican las reptadoras serpientes.
Las tinieblas se extienden como silenciosa mortaja,
pues el creador reposa en el horizonte.

Al alba, cuando te encumbras por el oriente,
cuando resplandeces como el Atón del día,
disipas la oscuridad y lanzas tus rayos.
El Alto y el Bajo Egipto festejan tu llegada,
despiertos y erguidos sobre sus pies,
pues has sido tú quien los ha levantado,
y ellos, desnudando y lavando su cuerpo,
elevan sus brazos hacia ti en oración.
Todo el mundo puede comenzar su trabajo.

Las bestias se complacen en sus pastos,
los árboles y las plantas florecen,
y, levantando el vuelo desde sus nidos,
los pájaros alaban tu espíritu moviendo las alas.
Todos los animales saltan sobre sus patas.
Las criaturas que vuelan y se posan,
reviven cuando te ven aparecer.

¡Tú que has hecho fecundas a las mujeres,
tú que formas el semen en el hombre,
que mantienes al hijo en las entrañas maternas,
que lo apaciguas para que su llanto cese,
tú mismo fecundas incluso la matriz
que da aliento para sostener lo creado!
Cuando el niño desciende por las entrañas
para nacer y respirar en el aire,
tú abres su boca por completo,
tú atiendes a todas sus necesidades.
Cuando el polluelo pía dentro del cascarón,
tú le otorgas respiro y ayuda.
Cuando has completado su cuerpo en el huevo,
él lo rompe y pía en su justo momento;
y cuando sale de él ya anda sobre sus patas.

¡Cuantas y que diversas son tus creaciones!
Imposible le es al hombre desvelarlas
¡Oh Dios único, que no tienes igual!
Tú creastes el mundo según tu deseo,
solo, sin necesidad de ayuda alguna:
hombres, ganado, animales salvajes,
cuanto en la tierra camina sobre sus pies
y cuanto en lo alto vuela con sus alas.

Tus rayos amamantan las praderas,
y éstas viven, crecen por ti cuando te alzas.
Haces las estaciones para cuidar tus obras:
el invierno sirve para enfriarlas
y el calor para que puedan saborearte.
Para elevarte hiciste el firmamento,
y desde él contemplas tu creación.
Tú solo, sin necesidad de ayuda,
alzándote en forma de Atón vivo,
apareciendo, brillando, retirándote,
sacaste de ti mismo miles de seres:
ciudades, pueblos, campos, caminos, río;
y todos te miran pasar por encima,
pues eres el Atón del día sobre la tierra.

Mas cuando has partido, cuando duermen
todos los ojos que tú has creado,
cuando nadie puede contemplar tus obras,
estás muy dentro de mi corazón,
y no hay nadie que te conozca
sino tu hijo Neferheperure Waenre (Akhenatón),
pues le mostraste tus proyectos y tu fuerza.
El mundo cobró el ser por tu mano,
y las criaturas, fieles a tu deseo,
reciben la vida cuando apareces,
y cuando te pones, entran en la muerte.
Tú mismo eres el tiempo de la vida,
porque se vive sólo a través de ti.
Mientras brillas, puede verse la belleza,
pero toda labor se abandona cuando caes.
Vuelves de nuevo para alzarte por oriente,
y todo prospera otra vez para el rey;
y así es desde que cimentastes la tierra
y creaste las cosas para tu hijo,
hijo tuyo que brotó de tu cuerpo:
el Rey de ambos Egiptos, Akhenatón,
y su primera esposa, Nefertiti,
viva y joven para la eternidad.

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