domingo, 12 de julio de 2009

Cuenta una leyenda

Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso, desde el primer momento, se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas chances de escapar al terrible veredicto...¡la horca!
El Juez, también complotado, cuidó, no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo por ello dijo al acusado:
—Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él, tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás, y será la mano de Dios la que decida.
Por supuesto, el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda CULPABLE y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.
Éste, respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y, cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente. sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente:
—Pero, ¿Qué hizo? ¿Y ahora? ¿Cómo vamos a saber el veredicto?
Es muy sencillo, respondió el hombre. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué.
Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

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