sábado, 18 de julio de 2009

La puerta trasera

Era ya tarde, y el Mullah había estado hablando con sus amigos en una casa de té.
Cuando salieron, se dieron cuenta que estaban todos hambrientos.
—Venid todos a comer a mi casa, dijo Nasrudin sin tener en cuenta las consecuencias.
Advertido, cuando el grupo se encontraba cerca de su casa, le vino en mente adelantarse y avisar a su mujer.
—Esperad aquí mientras tanto, les dijo.
Al oírlo, ella exclamó:
—¡No tenemos nada! ¿Cómo te has atrevido a traer invitada a toda esa gente?
Nasrudin subió al piso superior y se ocultó.
Al poco rato, el hambre impulsó a sus invitados a acercarse a la casa y llamar a la puerta.
—¡El Mullah no está en casa!, aseveró su mujer.
—¡Pero si le hemos visto entrar por esta puerta!, gritaron.
De momento, ella ni supo que decir.
Vencido por la ansiedad, Nasrudin, que había contemplado la escena desde una ventana, se asomó y dijo:
—Podría haber salido de nuevo por la puerta trasera, ¿no?

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