domingo, 19 de julio de 2009

Un equipo de expertos

Reinaba gran intranquilidad en el país y el monarca había enviado una "delegación cultural" a recorrer las aldeas para sosegar a la población.
Dondequiera que iban, la gente quedaba muy impresionada, porque ellos, en conjunto, abarcaban un inmenso campo de conocimiento y pericia.
Uno era autor, otro sacerdote, un tercero miembro de la casa real.
Había un abogado, un soldado, un mercader y muchos otros. En cada lugar que se detenían convocaban a una reunión en el espacio abierto que se hallara más próximo. La gente se reunía y les hacía preguntas.
Cuando llegaron al pueblo de Nasrudín, una gran muchedumbre cuya cabeza era el alcalde, les dio la bienvenida. Se hicieron y contestaron varias preguntas y todos fueron, en alguna medida, movidos, por el despliegue y la importancia de la delegación.
El Mullah llegó tarde, pero como celebridad local que era, se lo empujó hacia el frente.
-¿Qué hacen aquí? preguntó.
El jefe de la delegación sonrió compasivamente:
—Somos un equipo de expertos y estamos aquí para contestar a todas las preguntas que la gente no pueda contestarse por sí misma; ¿quién es usted?, por favor.
—Oh, yo, dijo Nasrudín al descuido, será mejor que me hagan lugar en la plataforma.
Subió y se ubicó junto a los dignatarios.
—Pues verán, yo estoy aquí para contestar las preguntas cuyas respuestas ustedes no conozcan. ¿Comenzamos con algunas de las que desconciertan a ustedes, ilustres caballeros?

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