sábado, 29 de agosto de 2009

Cielo o infierno

Un grupo de comerciantes discutía sobre la muerte del censurable alcalde de la ciudad.
—Nunca hemos tenido un alcalde tan corrupto y codicioso, dijo uno.
Si un hombre de tal calaña ha entrado en el Paraíso, rejuro que me
divorciaré de mi joven y hermosa mujer y haré vida de ermitaño en
el desierto.
—Pero Dios actúa de forma misteriosa, convino otro. Quizá el alcalde se ha arrepentido a tiempo y Dios, que es tan misericordioso, lo ha aceptado en el Paraíso.
—Nasrudín, dijo un tercero, tú que afirmas tener respuestas a todo.
El alcalde dónde ha ido, ¿al cielo o al infierno?
Después de unos breves momentos de reflexión, el Mullah respondió.
—Ningún hombre puede saber cómo toma el Bienamado las decisiones.
Quizá el alcalde está ahora sentado en el Paraíso mientras nosotros hablamos.
Los comerciantes asintieron y miraron con expectación al que había
prometido abandonar la ciudad.
—Veamos, continuó Nasrudín, si Dios es lo bastante magnánimo para perdonar al alcalde por las atrocidades que cometió mientras vivía, seguro disculpará igualmente una pequeña promesa precipitada aquí por nuestro amigo y le permitirá permanecer con su reciente, joven
y hermosa mujer.

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