martes, 8 de septiembre de 2009

El vidente

El Mullah Nasrudín subió a un árbol, para aserrar una enorme rama.
Alguien que pasaba y al ver cómo lo estaba haciendo le advirtió:
—¡Cuidado! Que está mal sentado, y en la punta de la rama. Se caerá.
—¿Piensa que soy un necio, que debiera creerlo? ¿o es un vidente que puede predecir mi futuro?, rezongó el Mullah.
Pero pocos minutos después la rama cedió y Nasrudín cayó al suelo.
Entonces corrió tras el afable hombre hasta alcanzarlo y le imploró:
—Su predicción se ha cumplido. Ahora dígame: ¿Cómo moriré?
Por más que el hombre insistió, no pudo disuadir a Nasrudín que no
era un vidente. Por fin, colmada su paciencia y exasperado le gritó:
—Por mí podrías morirte ahora mismo.
Apenas oyó estas palabras, el Mullah cayó al piso y se quedó inmóvil. Fue encontrado por vecinos de la aldea quienes lo depositaron en un féretro. Y mientras marchaban hacia el cementerio, comenzaron a discutir acerca de cuál era el camino más corto. Nasrudín perdió la paciencia y, asomando la cabeza fuera del ataúd, aconsejó:
—Cuando estaba vivo solía tomar por la izquierda; es el camino más rápido.

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