lunes, 19 de octubre de 2009

Enseñanzas

El Mullah Nasrudin estaba enseñando a su hijo a ser un buen bebedor. Después de algunas copas le dice al joven:
—Ahora, vámonos, es hora. Nunca lo olvides, hijo mío, te diré la regla de cuándo finalizar de beber: siempre que comiences a ver que una persona parezca dos, vete a casa; ya es suficiente.
—Que una persona parezca dos... ¿Dónde? ¿Dónde está esa persona? preguntó el hijo.
—Mira, hay dos personas sentadas en esa mesa, le señala el Mullah.
—¡Pero si no hay nadie!, responde el hijo.

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