domingo, 1 de noviembre de 2009

Nasrudin

Los dos loros

Nasrudín abrió una tienda donde su única mercadería eran dos loros
encerrados en una misma jaula. Uno tenía un plumaje espectacular
lleno de vivos y relucientes colores y además cantaba de maravillas,
mientras que el otro estaba en un estado calamitoso y permanecía constantemente mudo. El primero valorado en cincuenta monedas de oro, el segundo en ¡tres mil!
Un hombre que pasaba por delante de la tienda, atraído por los trinos del loro cantor, penetró en el recinto y lo primero que contempló fue
a Nasrudín, que dormitaba plácidamente y arrullado por la incansable melodía de aquel pájaro maravilloso. Ya en segundo lugar, llamó su atención la diferencia de precio que había entre aquellas dos aves. Despertó con suavidad a Nasrudín y le dijo:
—Disculpad mi atrevimiento. Desearía compraros ese magnífico loro cuyo canto no interrumpe en asombrarme. Aquí tenéis las cincuenta monedas de oro, ¡contadlas por favor!
—Lo siento, imposible, no puedo vender los dos pájaros por separado, respondió Nasrudin.
—¿Pero, por qué?
—Se morirían de pena si los separase.
—Bueno, dijo el comprador. Pero, ¿cómo explica usted una diferencia en el precio tan exagerada? Pues el más feo cuesta infinitamente más que el más bello y, además ¡no canta!
—No se equivoque usted, mi señor, ¡el loro que usted encuentra feo y deplorable es el compositor!

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