miércoles, 10 de septiembre de 2014

Nasrudin

Servidor y amo

El Mullah Nasrudin acababa de almacenar la cosecha anual de cereal en su granero cuando llegó el recaudador a exigir la parte del emir.
—Aquí debe de haber al menos cien sacos de grano, lo que significa que debes al palacio treinta sacos.
—Tonterías, respondió el Mullah contando los sacos. Hay solamente treinta sacos. Si te los llevas, mi familia morirá de hambre.
El oficial permaneció inflexible e indicó a sus secuaces que cargaran todo el contenido del granero en su carro. Desesperado, Nasrudín decidió seguir a su producción hasta el palacio y realizó una queja formal ante el emir.
—Majestad, comenzó, he venido a presentar una queja...
No estando de humor para protestas, el monarca silenció a Nasrudín con un ademán.
—Mullah Nasrudin, mírate a ti mismo: un hombre de seis pies de alto, quejándose todavía como un niño.
Al oír estas palabras, el Mullah dio las gracias al rey por su tiempo y pidió permiso para marcharse a su casa.
—¡Cómo!, le increpó el gobernante. ¿No vas a tratar de hacerme ver tus razones?
—¿Cómo podría hacerlo?, contestó Nasrudin. Si calculáis que mido seis pies de alto, es ya evidente que vuestro servidor, el recaudador, ha hecho sus cálculos sobre los de su amo.

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