domingo, 9 de noviembre de 2014

Nasrudin

Hombres dignos

En uno de sus viajes, unos guardias de palacio encontraron a Nasrudín en el mercado y le comunicaron que fuera a la corte. Al llegar al salón del trono, se le indicó que se uniera a un grupo de pobres para oír los sermones religiosos de los hombres más venerados de la ciudad.
Solemnemente uno tras otro, los notables, cada uno vestido con galas más relucientes que el anterior se dirigieron al asombrado auditorio.
Sus sermones, plagados de sentimientos espirituales concebidos para elevar incluso a las almas más escépticas, duraron bastante tiempo. Cuando cayó la noche, el rey se levantó.
—Tú, dijo señalando al Mullah Nasrudín, dinos: ¿cuál de estos líderes espirituales es más digno de nuestra emulación?
—Ciertamente aquel que viendo que un pobre no tiene bastante para comer o vestirse, respondió Nasrudín, no ofrece la salvación por unos honorarios.

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