viernes, 19 de diciembre de 2014

Nasrudin

Dos alforjas

Dos comerciantes aparecieron en el tribunal en que el Mullah Nasrudín estaba sentado como juez. Habían vuelto recientemente de un viaje a Bagdad donde cada uno había comprado un saco de albaricoques secos y cada uno había puesto su parte de fruta en sus hermosas alforjas. En el viaje de vuelta, se habían comido los albaricoques, pero en vez de comerse cada uno los suyos, habían robado los del otro. Por lo cual cuando llegaron a casa, las dos bolsas estaban vacías.
Después de escuchar la historia, Nasrudín dio a cada hombre la alforja del otro.
—Ahora, los dos habéis sido compensados por vuestras pérdidas, pero antes de que os marchéis, debemos considerar los costes del tribunal, convalidó el juez. Y para cubrirlas, se quedó con ambas alforjas.

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